Dr. Jorge A. Traverso


NO HACER SIN PREGUNTAR

 

 

Sabemos que en la homeopatía se piensa y enfoca la medicina desde otro lugar, que toma al paciente como el centro de atención, y no a la enfermedad etiquetada con nombres y luego con medicamentos "anti-tal cosa".

Como la medicina alopática ha influido y acostumbrado a los enfermos a pensar en su propio cuerpo como partes independientes,  por ende están obligados a hablar rápido para obtener un rápido diagnóstico y tratamiento y más aún, a una veloz automedicación ante cualquier elemento que surja  que sea simplemente distinto a lo que pasa todos los días, sin pensar mucho y sin consultar.

 

Esta costumbre se constituye en una dificultad para el médico homeópata cuando no es llamado telefónicamente para que pueda pensar y decidir si es necesario un simple refuerzo de la medicación de base de ese paciente ,cuando la afección es inherente al proceso de curación, o de administrarle algo para el proceso agudo, que no interfiera con el antedicho proceso, o con el bienestar que había alcanzado en ese momento

 

Vaya el ejemplo de una paciente de 47 años, que desde los 10 tenía episodios asmáticos no demasiado severos pero sí molestos, en que luego de consultar e iniciar un tratamiento homeopático, nota que desaparecía casi totalmente el síntoma al segundo mes de tratamiento.

Al tercer mes, llama un día antes de consultar al oftalmólogo, para ver si yo podía recetarle algo para una "conjuntivis" que le había aparecido cinco días antes, ante la cual se puso unas gotas que no "tenían nada".

Interrogada al respecto, resulta que dos días después de colocarse las citadas gotas, tuvo un episodio de broncoespasmo.

 

Hablando de las gotas, a las  que bautizó como que eran "solución estéril", se le pide que lea toda la etiqueta de las mismas, y la conclusión era que tenían cortisona; lo que era estéril era el vehículo en que iba la medicación.

 

Advirtiéndole que dejara de colocarse gotas, puesto que ese lagrimeo en sus ojos era algo normal del proceso de curación de su asma (síntoma mucho más profundo) y no una conjuntivitis (etiqueta), cedió el cuadro bronquial y luego de dos o tres días desapareció el síntoma ocular.

 

 

Esto de insistir más en el aviso previo se hace en el caso de niños asmáticos por regla general, para que la madre, si cede el cuadro bronquial y comienza un proceso ocular, no acuda al oftalmólogo pensando que es "otra enfermedad", ni lo medique por su cuenta.

 

 

 

En otro caso reciente, luego de traer a la consulta una madre a su hijo de 8 años que desde hacía uno tenía episodios de broncoespasmos cada vez más seguidos,  le prescribí  su medicación de base basándome en los temores y episodios emocionales que ya al año y medio le habían producido erupciones generalizadas en piel.

A los cuatro días me llama la madre para decirme que por un dolor de oídos lo había llevado a una guardia a las 4 de la mañana, donde le habían recetado un antibiótico; lo compró pero afortunadamente no se lo administró antes de llamarme.

Ante mi pregunta me dice que esos episodios de dolor de oídos otras veces los había tenido.

Le indico variar la forma de darle las gotas que le había prescripto y al día siguiente ya no estaban esos síntomas; me decía: las gotas son mágicas. (El antibiótico quedó como un gasto innecesario).

No es magia sino que es otro concepto de cómo encarar la totalidad del paciente.

Primero deben consultar con el homeópata tratante, para que les recuerde un viejo aforismo homeopático que reza así: "Es mejor que lloren los ojos (o se sensibilice el oído) y no que llore el pulmón", y le indique el camino a seguir.

 

 

Es importante el pensar que esto de recurrir al homeópata telefónicamente ante un episodio aparentemente "distinto" y que éste aconseje qué hacer luego de escuchar bien el orden de aparición de los síntomas, no es "no hacer nada", (¡¡¡Qué compulsión a hacer que hay en nuestra sociedad!!!), ni "bancárselas", sino justamente hacer lo menos posible pero bien apuntado a seguir direccionando el proceso de curación, sin retrocesos motivados por una pretendida e ilusoria rapidez.

  

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