Dr. Jorge A. Traverso


Toma del caso: el "Hombre de las Ratas"
(historial freudiano)

El interés en aplicar la toma del caso que se hace en homepatía a otros campos de la cultura, impulsa a realizarlo como ejercicio didáctico en uno de los cinco historiales que Freud nos legó en forma más detallada, en este caso el titulado: "A propósito de un caso de neurosis obsesiva" (el "Hombre de las Ratas").

Freud inició este tratamiento el 1/10/1907 y presentó, en dos reuniones completas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, las del 30/10 y
6/11/1907, el informe sobre sus comienzos, que fue seguido por un debate.
El 20/11; 22/1 y 8/4/1908 hizo breves informes sobre aspectos del historial
.

El tratamiento duró casi un año; (debemos recordar que Freud trataba a sus pacientes 6 veces por semana), y presenta la historia para su publicación definitiva a imprenta , el 7/7/1909.
Actualmente sobreviven los apuntes originales de la primera parte del tratamiento, que Freud escribía día a día.. Lo incluye como un caso de neurosis obsesiva considerada grave por su duración, sus dañinas consecuencias y la apreciación subjetiva del paciente.

Confiesa que veda una exposición más fidedigna del caso, la atención que una ciudad (Viena) presta a su actividad médica, a pesar que afirma que es más posible dar a publicidad los secretos más íntimos de un paciente, por los cuales nadie lo conoce, que los detalles más inocentes y triviales de su persona, notorios para todo el mundo (que lo harían identificable).
Lo ubica como un joven universitario que padece de representaciones obsesivas desde su infancia, pero con más intensidad desde 4 años antes de consultar.

El contenido principal de su padecer son unos temores de que les suceda algo a dos personas a quienes ama, su padre y una dama a quien admira.
Además, padece impulsos obsesivos a cortarse el cuello con una navaja de afeitar y prohibiciones referidas aún a cosas indiferentes.
Luchar contra esas ideas le ha hecho perder años en sus estudios. Sólo una cura fue beneficiosa (de aguas termales) pero fue que allí tuvo comercio sexual regular con una mujer.
Ahora dice que no tiene en Viena las mismas oportunidades, y las situaciones son pocas; las prostitutas le dan asco. Había tenido su primer coito a los 26 años.

Lo que el paciente relata como la primera conmoción de su vida, es que a los quince años, tenía un amigo de 19 que le tenía afecto, lo que elevó su sentimineto de sí tanto que podía creerse un genio; luego fue su preceptor hogareño, y de pronto modificó su comportamiento, tratándolo como a un idiota.
Reparó que se interesaba por su hermana, y que sólo había trabado relación con él para acceder a la casa.
Esta conmoción se conecta, a través de un episodio de los cinco años,
en que por tocar los genitales a una gobernanta le quedó una curiosidad ardiente, atormentadora por ver el cuerpo femenino, con un recuerdo de los 7 años (más tarde dijo que fue 1 ó 2 años después), en que estando con un hermano un año menor, escuchó la conversación de una muchacha de servicio y la cocinera, la que decía:con el pequeño es claro que una lo podría hacer, pero Paul (el paciente) "es demasiado torpe, seguro que no acertaría".
No entendió a que se referían, pero sí entendió el menosprecio y se puso a llorar.

También ubica el comienzo de su enfermedad a los 6 años, por creer que los padres u otros sabían lo que él pensaba, y esto se agravaba porque a veces, como se planteó más arriba, le surgía un deseo intenso de ver a una muchacha desnuda, pero trataba de impedir ese pensamiento porque, interrogado sobre ese punto, decía que si pensaba eso su padre moriría.
En ese momento, se entera Freud con gran sorpresa, que el objeto de sus temores, en este caso el padre, había muerto hacía varios años.

Freud dice que lo que el paciente expresa de su sexto o séptimo año, no es el comienzo de la enfermedad sino ya la enfermedad misma; por ejemplo: esto de que si piensa algo determinado, sucede algo terrible.

El gran temor obsesivo, que es lo que impulsa a nuestro sujeto a la consulta con Freud es el siguiente hecho: en agosto, en las maniobras militares, en un alto perdió sus quevedos (gafas), y estando sentado entre dos oficiales, escucha a uno de ellos, del que ya tenía la idea de que amaba lo cruel, contar sobre un castigo aplicado en Oriente: "El condenado es atado, sobre su trasero es puesto un tarro dado vuelta, en éste luego hacen entrar ratas, ...que penetraban en el ano.
Se paraba violentamente alterado para contar esto, y lo decía con una expresión en su rostro de horror ante su placer ignorado, y dijo que en el momento le sacudió la representación de que esto sucede con una persona que le es querida, pero se defiende de las dos ideas con una fórmula de palabras.
Allí, por el plural se nota que se refiere a su dama y a su padre (ya fallecido).

En la cuarta sesión relata que lo martiriza desde el comienzo, la enfermedad que tuvo el padre hace 9 años; él se quedó dormido mientras lo cuidaba y el padre se muere. Se lo reprocha siempre, aunque primero no era martirizador.
Deseaba encontrar el fantasma de su padre, y si sentía golpear, se decía: ahí viene mi padre. Luego abría la puerta a la madrugada, esperándolo, y desnudaba su pene contemplándolo en el espejo. Era un desafío.
Un año y medio después del fallecimiento del padre, a través de la muerte de una tía, empieza a martirizarlo la perduración en el más allá; esto provoca una seria incapacidad para el trabajo.

En la séptima sesión habla del placer que encuentra en los reproches a sí mismo como autocastigo, por hechos sucedidos.
Cuenta que por celos al hermano, antes de los 8 años cargó una escopeta de juguete con un taco, le dijo que mirara adentro y disparó; le dio en la frente, no le hizo daño, pero el deseo era causárselo.
Asocia este deseo con otro, en que una mujer debía morir para quedarse él con su dama, y dice que en ambos episodios existe el sentimiento de cobardía.
Hasta aquí llega el relato de las primeras siete sesiones.
Desde la homeopatía, si tomamos estos elementos que expresan el sentir del paciente como una primera entrevista homeopática, podríamos llevar al Repertorio los síntomas que interesan a nuestra disciplina.
Podemos ubicar por antigüedad y casi como biopatográfico el de:
1) Trastornos por: desprecio, ser despreciado:
El desencadenante que lo lleva a consultar sería: 2) Horribles cosas, historias tristes la afectan profundamente.

A efectos del ejercicio, agreguemos los síntomas que se recogerían del conjunto de esas siete entrevistas preliminares, siempre dentro de los mentales.
3) Temor: ocurrir, algo va a - en general

4) Temor: salud de las personas queridas, por: en general

5) Temor: imaginarias, de cosas: en general

6) Temor: Suicidio, del

7) Temor: impulsos, de sus propios

8) Celos: en general

9) Cobardía: En general

10) Pensamientos: Atormentadores, en general

11)Pensamientos: futuro, del

12) Ansiedad: conciencia, como si fuera culpable de un crimen

13) Ilusiones: auditivas, ilusiones - en general
14) Ilusiones: espectros, fantasmas, espíritus ve
anochecer, un espectro aparecerá, al

Con estos síntomas podemos observar que si se repertorizaran con un sistema de computación, sin jerarquizar y cruzar los primeros síntomas, nos daría el siguiente resultado, puramente numérico:

En cambio, si tomamos como síntomas guías los dos primeros, ya queda relegado el primer remedio, y puestos a discriminar entre Phosphorus y Nux Vómica, nos inclinaríamos tal vez por Nux, dada la mayor relevancia clínica de éste en los tres primeros síntomas y la marca que conllevó el desprecio sufrido en dos ocasiones infantiles.

Evidentemente, luego de los primeros síntomas que tomamos y estudiamos para ver que medicamento surgía, ya no podemos con los otros síntomas que nos llegan a través del relato freudiano, hacer ninguna evaluación, puesto que esto sería posible solo si se hubiera administrado el remedio, y midiendo los efectos, saber si hubo primera prescripción.
Sólo como curiosidad, podemos hacerlos jugar para observar si estos contienen los medicamentos que evaluamos en el corte artificial que hicimos al fin de la séptima sesión.

Vamos a numerarlos correlativamente, a continuación de los 14 síntomas que tomamos primero, a efectos de repertorizarlos en forma separada y luego en conjunto.
Para no obligar al lector a una fatigosa búsqueda bibliográfica, aclaremos que los síntomas que destacamos a continuación los tomamos del Tomo X de Editorial Amorrortu, Obras Completas de S. Freud, y entre paréntesis figura la página donde está relatado el síntoma; no lo hicimos con los primeros porque están acotados con referencia a la sesión en que surgieron.

15) Matar, a los más queridos

16) Matar, deseo de
Porque piensa que por un coito que es grandioso, uno podría matar al padre. (158)

17) Masturbación, disposición a.
Es a los 21 años, trás la muerte del padre.(160)

18) Desafiante, en general.
En la fantasía en que esperaba al padre a la hora de los espectros (entre la 0 y la 1 AM), cuando desnudaba el pene para contemplarlo en el espejo del vestíbulo, lo hacía como desafío. No se tomó el síntoma Desnudo quiere estar, porque se desnudaba realmente frente al espejo. (161)
De la misma forma no tomamos el síntoma de reprocharse a sí mismo, por el placer que le producía y porque es una construcción freudiana.

19) Irresolución, indecisión
Por la duda obsesiva de como y adonde viajar para devolver un dinero. (165-166)

20) Temor de la sífilis (168)

21) Supersticioso,
En general surge que era supersticioso en alto grado (si hacía X, pasaba Z). (179)

22) Pensamientos, dos cursos de pensamientos, y

23) Duda, en general:
en esta página (179) dice que tenía dos convicciones opuestas y no una opinión indecisa por eso tomamos estos dos síntomas.

Repertorización de síntomas de 15 a 23

Vemos que en este segundo grupo de síntomas surge Nux Vómica y si repertorizamos en forma conjunta la serie de las primeras entrevistas con el agregado de los síntomas que surgieron a posteriori, nuevamente se destaca el citado medicamento.

Si se eligió este historial, fue por la facilidad con que pueden discriminarse los síntomas que refería el paciente, de la construcción que va realizando Freud, que no la tomamos en nuestra disciplina, por aludir a aspectos ignorados por el propio paciente.

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