Dr. Jorge A. Traverso


 
Sífilis y Pensamiento Hahnemanniano

RESUMEN

Partiendo del capítulo de miasma siphylitico en el libro de enfermedades crónicas, se rastrea a través de la literatura médica el motivo de la aseveración de Hahnemann sobre la permanencia del chancro sifilítico durante largos años.

Se comprueba el valor de la misma desde el pensamiento de la patología refiriéndola a la concepción miasmática sobre las enfermedades crónicas como modelo donde pueden agruparse distintas patologías que responden al mismo.

SUMMARY

Leaving of the chapter of miasma siphylitico in the book of chronic illnesses, it is raked through the medical literature the reason of the asseveration of Hahnemann on the permanency of the syphilitic chancre during long years.

It is proven the value of the same one from the thought of the pathology referring her to the miasmatic conception on the chronic illnesses as model where they can group different pathologies that respond to the same one.

Palabras clave:   SÍFILIS – SIGLO XVIII - CHANCRO

 

La Sífilis como enfermedad en tiempos de Hahnemann

En el capítulo sobre el tratamiento de las enfermedades crónicas, cuando Hahnemann aborda el miasma syphilítico, la llama enfermedad venérea propiamente dicha o enfermedad chancrosa (sífilis).

En su primer estado, que lo distingue para el criterio de tratamiento, refiere el síntoma local propio del mismo, el chancro.

De éste último, luego de relatar que aparece entre el séptimo y decimocuarto día después del "coito impuro", no limpio, que contiene impurezas (sin ninguna connotación pecaminosa o moral), afirma que esa úlcera no curada se mantiene toda la vida fijada en ese lugar; que solo se incrementará con los años, sin que los síntomas secundarios de la enfermedad venérea puedan estallar.

Cinco párrafos mas adelante (n° 122), confirma lo anterior asegurando que en su práctica de mas de cincuenta años, jamás vio que la peste de la lujuria estallara mientras el chancro se mantuviera intacto en su lugar durante varios años, puesto que nunca desaparece por sí mismo.

Estas referencias a la persistencia o permanencia del chancro si se dejaba a la enfermedad sífilis seguir su evolución natural, no dejan de llamar la atención, puesto que históricamente siempre se ha establecido para el chancro una evolución de quince días hasta seis semanas, luego de las cuales desaparecía espontáneamente.

Las críticas más comunes a esas afirmaciones son que Hahnemann no conocía tan bien la sífilis y la confundía con otras enfermedades sobreagregadas o simultáneas, o que llamaba chancro sifilítico a una lesión que podía responder a otra causa.

No nos vamos a detener en la discusión de si sabía o no sabía, sino que vamos a tratar de delinear un panorama de la visión que había del origen de la misma, los mitos con respecto a la procedencia y los diagnósticos de la enfermedad en sí en las corrientes médicas de distintos siglos, donde las opiniones contienen ricos elementos para encuadrar la misma, y al final volveremos al pensamiento Hahnemanniano que sustenta sus afirmaciones.

 

La sífilis en la Literatura médica del Siglo XVIII

Si observamos la literatura médica española del siglo XVIII, diferenciamos la primera mitad del siglo, en que no hay muchas aportaciones originales, y luego los siguientes cincuenta años, donde se nutren también de los aportes que vienen allende los Pirineos.

Sí había habido en el Renacimiento español una contribución universal que históricamente fue de primerísima importancia.

En el mil setecientos hubo una sustitución de la mentalidad que hablaba de sífilis sanguínea, colérica, etc., y se va desvaneciendo la teoría de los "humores", en aras de ideas de iatroquímica o iatromecánica, que denomina a la etiología como el "ácido volátil corrosivo" o "fermento"; aún así no aportaron originalidad a la terapéutica, basada como en el Renacimiento en el mercurio, sarsaparrilla y quina.

Igualmente, durante toda la centuria referida, las dos especies morbosas, gonorrea y sífilis seguían aunadas bajo el mismo origen etiológico, y no hubo el menor indicio de su diversidad, etiológica y terapéutica.

Sobre el disputado origen americano o europeo de la sífilis, no había criterio unánime.

La tesis europea, afirmada en obras de Brunet de la Selva, se apoyaba en el paleodiagnóstico de algunas enfermedades descriptas en textos medievales. Otros creían en la identidad específica entre los efectos venéreos y la lepra de los árabes, y los menos en la tesis americana, según la cual en el momento en que Carlos VIII, rey de Francia, estando con su ejército en Italia, haciendo la guerra a Fernando II, rey de Nápoles, a quien se incorporan españoles que supuestamente la trajeron de América, donde era endémica, provocan la infestación de los italianos, de éstos se comunicó a los franceses y así pasó a toda Europa.

Por ello en algunas partes se llama mal español, en otras mal italiano y en otras mal francés.

En algunos autores se entrevé la idea de que la lúes fuese provocada por "pequeños animalucos vivientes".

Sí era claro el contagio interhumano. Un ejemplo de ello era la transmisión de la enfermedad en el período de la lactancia: "Si a niños que la contrajeron de los padres en la generación, los crían mujeres sanas, contraen éstas la enfermedad, y si los niños son sanos y las amas viciadas, lo comunican a las criaturas".

Algunos autores incluían la gonorrea como un síntoma dentro del "morbo gálico".

En cuanto a la terapéutica, el capítulo mas extensamente tratado en la literatura médica del siglo XVIII, no se agrega mucho a la tradición reinante: son incluidos los fármacos ya utilizados en centurias precedentes, sin novedades aparentes: mercurio, guayaco y azufre, sarsaparrilla y la raíz de quina (china).

Hay referencias concretas a la intoxicación producida por el "soliman corrosivo" (sublimado corrosivo).

Algunos autores refieren la complicación de la sífilis con otras enfermedades, tisis, escorbuto y escrófulas.

El autor de esta recopilación del siglo XVIII incluyó 172 referencias bibliográficas en la misma, que revelan el pensamiento imperante en ese lapso de manera bastante detallada.

 

Referencias Históricas de la Enfermedad y  

Evolución Espontánea del Chancro Sifilítico en

Escritos Contemporáneos

Dentro de las teorías de diseminación de la enfermedad, se retoma la de Columbia, que recopila datos sobre 50 miembros de la tripulación que sobrevivieron al primer viaje de Colón, y algunos de ellos que contrajeron Sífilis de los nativos de La Española (Haití), avalada por comunicaciones médicas sobre tres marineros españoles que desarrollaron inexplicables "bubas" en su viaje de vuelta.

Luego, algunos aventureros que se incorporaron al ejército de Carlos VIII de Francia la diseminan como referimos anteriormente.

Agrega sí que la victoria de 1495 sobre Nápoles fue breve, puesto que el ejército francés, devastado por la enfermedad tuvo que retroceder, pero esto permitió que los soldados desbandados diseminaran la enfermedad por Europa.

Como otro de los mitos del origen americano, se dice que no era endémica entre los nativos, sino contagiada a los mismos.

La argumentación sostiene que los tripulantes de esos viajes eran reclutados de las prisiones y otros por levas forzosas, gente de muy bajo nivel cultural y ya acostumbrados en Europa al bestialismo. En América practicaban el coito con los Camélidos autóctonos (llamas), que portaban el germen como saprófito.

Luego, estos aventureros contagiaron a las nativas, algunas de las cuales fueron llevadas como presentes a países europeos.

Sin embargo, el informe ratifica que evaluando los hechos históricos y las evidencias clínicas y epidemiológicas, se puede dudar de la confiabilidad de estos relatos, los cuales, a pesar de los argumentos adversos, se repiten continuamente desde el comienzo del siglo XVI.

Otra línea de pensamiento muestra que se encontraron modificaciones óseas sifilíticas en fósiles de Australia, África y América Central precolombina.

Además, escrituras históricas aluden a la presencia de sífilis en las antiguas China, Grecia y Roma, a veces enmascaradas bajo el disfraz de "lepra venérea".

Podría ser una enfermedad vieja que se diseminó por toda Europa como consecuencia de la urbanización. En lo que sí coinciden todos los escritos es en que una pandemia generalizada asoló Europa y Asia en la época del regreso de Colón de América, y durante movimientos masivos de ejércitos y poblaciones en Europa.

En el siglo XV las publicaciones científicas se referían al nuevo flagelo como la "gran erupción pustulosa".

Se supone que entre otras enfermedades estaba la sífilis. Pero lo que sí se registra en 1547 (Breviary of Helthe) son las primeras descripciones claras de esta enfermedad, y poco después la forma sexual de transmisión, como "acostarse con una persona con pústulas".

La alta morbimortalidad de ese período se contradice con la naturaleza relativamente leve de la sífilis actual.

No se sabe si es un cambio en la virulencia del microorganismo, la adaptación del huésped humano o la desaparición de una enfermedad concomitante en aquella época, desconocida actualmente.

Los intentos para dilucidar la etiología de la sífilis fueron retrasados por la notable experiencia de John Hunter, en 1767, durante la cual se autoinoculó con pus uretral.

Cuando desarrolló gonorrea y sífilis, concluyó erróneamente que se trataba de una misma enfermedad.

Este argumento se mantuvo hasta 1837, cuando Philipe Ricord distinguió la sífilis de la gonorrea y clasificó los estadíos primario, secundario y terciario de la enfermedad.

En cuanto al curso natural de la sífilis no tratada, tenemos el estudio de Oslo (1891 a 1951). En 1404 pacientes, se diagnosticó una sífilis temprana clínicamente.

De 1891 a 1910, el profesor Boeck, de la Universidad de Oslo, Noruega, internó a pacientes con diagnóstico de sífilis primaria o secundaria.

Como él creía que los compuestos con mercurio usados en esa época eran más lesivos para el paciente que la propia enfermedad, todos sus pacientes fueron simplemente observados.

A pesar que no todos los casos podían tener diagnóstico de certeza del Treponema, ya que recién en 1905 se desarrollaron técnicas para identificarlo, la improbabilidad de que alguna vez se repita un estudio similar hace que deba ser considerado.

Un 24% de pacientes desarrolló lesiones secundarias recidivantes en 4

años. Un 28% finalmente desarrolló lesiones de sífilis tardía; un 10% sífilis cardiovascular, pero solo de los que habían adquirido sífilis después de los quince años de edad.

Un 6,5% desarrolló neurosífilis sintomática y el 16% sífilis benigna tardía o goma.

De los sometidos a necropsia, un 35% de hombres y un 22% de mujeres mostraron evidencias de compromiso cardiovascular, en especial aortitis.

La sífilis se consideró causa primaria de muerte en un 15% de los hombres y un 8% de las mujeres.

En cuanto a las manifestaciones clínicas de la sífilis primaria, todos los autores contemporáneos coinciden en acotar la presencia del chancro diciendo que "cura" en tres a seis semanas (espectro, 1 a 12 semanas), sin dejar rastros o dejando una delgada cicatriz atrófica.

Actualmente, desde 1986 hasta 1990, en países desarrollados, la tasa anual de casos nuevos aumentó de 11,5 a 20,2 y la tasa de casos en cualquier estadío creció de 28,5 a 53,8 cada 100.000 personas.

En 1990, en EE.UU., con 50.223 casos de sífilis temprana comunicados, y 134.375 casos en cualquier estadío, la incidencia de sífilis creció hasta su mayor nivel en 50 años.

 

El Pensamiento Hahnemaniano

Con el tema desarrollado en la forma que lo hemos hecho, cabe la pregunta:

¿Porqué insistir tanto con la enfermedad, si el objetivo de la homeopatía son los enfermos, apuntando a poder prescribir un remedio que cubra los síntomas mentales y generales más llamativos o peculiares, dejando a los síntomas locales la misión de discernir entre uno u otro de los remedios surgidos en la repertorización?

El objeto del recorrido es que a la luz del mismo, nos resalta el pensamiento de Hahnemann conceptualizando al hombre enfermo y aclarándonos

Indirectamente algunos datos que se repitieron a través de los siglos.

Refiriéndonos al interrogante sobre el origen, si americano o europeo, aporta un dato que podría tenerse en cuenta.

En su Tratado de las enfermedades crónicas, que Hahnemann escribe en 1828, cuya segunda edición data de 1835, en su capítulo sobre Curación de las enfermedades crónicas, el autor habla del segundo miasma crónico, "fuente de otros muchos males crónicos desde hace casi cuatro siglos y medio".

Si tomamos una cifra de 450 años, esto nos remite a 1378 o 1385, con lo cual se eliminarían las posibilidades de fechar el comienzo de la misma luego del regreso desde las tierras descubiertas por los expedicionarios de 1492.

Con respecto a la afirmación de que en realidad Hahnemann no conocía bien la sífilis, razón por la cual hablaba de la persistencia del chancro durante años, podemos discernir dos cuestiones.

La primera, que es cierto que no sabía que era la sífilis como entidad nosológica, y no podía saberlo por la sencilla razón de que nadie lo sabía, puesto que como hemos determinado en el capítulo anterior, recién en 1837 se distingue la enfermedad como tal.

La segunda cuestión, es que esto nos deja una profunda enseñanza sobre la conceptualización de la homeopatía, que nos transmite el creador de la misma.

¿Cuál es ésta? ; que aunque en esa época ni siquiera se distinguía la diferenciación entre sífilis y blenorragia, a causa de la marca dejada por la infortunada experiencia de Hunter en 1767, cuyos efectos estaban vigentes en las primeras cuatro décadas del siglo XIX, el pensamiento de Hahnemann, a través de concebir como afecciones miasmáticas a las enfermedades crónicas, y en la necesidad de crear un modelo que agrupe características similares a cada uno de los mismos, diferencia perfectamente el miasma siphylítico del sycotico.

Cada uno de ellos engloba los signos y síntomas correspondientes a la enfermedad sífilis uno y blenorragia el otro, diferenciándolas antes que la patología lo hiciera.

El chancro en sí, característico de la primera, como modelo de destrucción de tejido, úlcera, bordes sobreelevados, dolor punzante, es la expresión del miasma predominante, y como tal podría aplicárselo a cualquier otra enfermedad que tenga esas características en su manifestación local, por lo cual en la descripción que hacía Hahnemann podía corresponder a otras enfermedades, manteniéndose a lo largo de los años, perdiendo entonces el chancro la condición de estrechez limitada a una sola patología reconocida.

Asimismo, se pueden tomar otras manifestaciones locales como sifilides, enantemas, manchas redondas cobrizas que se translucen en la piel, y las correspondientes a manifestaciones terciarias, para llegar a las cuales se necesita una Psora desarrollada subyacente, que son lesiones óseas (ablandamiento de huesos, caries óseas), con tendencia destructiva de tejidos, manifestándose con supuración y ulceración.

Cuando el miasma siphylítico es congénito, hay bajo peso, malformaciones, hiporreactividad, otitis supurada, erupción pustulosa sin prurito, etc. .

En cuanto a manifestaciones generales, junto con agravación nocturna de todos los síntomas, hay olor ofensivo, fétido en aliento, heces, secreciones nasales y orina.

Los elementos anteriores están direccionados por síntomas mentales en que así como en general hay hipoactividad afectiva e intelectual, impulsividad, embotamiento e ideas fijas, también se detectan el deseo o la tendencia a matar a otros o a sí mismo, que es la tendencia destructiva de la siphylis aún en lo mental; surge aún por ver cuchillos y hay una predisposición criminal con déficit de ideación y desproporción entre los medios empleados para llevar a cabo el acto delictuoso y el objetivo a lograr.

También hay estados maníacos con rabia, y el alcoholismo puede ser un síntoma presente.

Creemos que la postura Hahnemanniana de describir signos y síntomas, aunque se los atribuyera a una enfermedad específica aún en forma equivocada, pero sin olvidar la línea rectora de su pensamiento con respecto al hombre en sí y a su padecer, constituye la brújula que debe dirigir nuestro pensar a la hora de establecer qué es lo posible de curar en cada sujeto en particular, y que estrategia adoptar en cada caso.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Las enfermedades crónicas, su naturaleza peculiar y su curación homeopática. S. Hahnemann. Ediciones Tomás P. Paschero. Argentina. 1999.
  2. El tema de la Sífilis en la literatura médica española del Siglo XVIII. Dr. Juan Riera. Biohorm. Sección Medicina e Historia. Septiembre 1965. Fascículo XIV.
  3. Enfermedades Infecciosas. Mandell, Douglas y Bennett. 3era. Edición. 1991. Panamericana.
  4. Dermatología en Medicina General. Fitzpatrick y col. Tomo 3. 4ta. Edición. 1997. Panamericana.
  5. Clínica Miasmática. Yahbes, Eduardo A. Actas del 54° Congreso de la LMHI.

Antecedentes

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