Dr. Jorge A. Traverso


 
Historia de un felpudo y marcadores = bagatelas.

Resumen:

Se trata de una evaluación de la serie de Entrevistas psicoanalíticas que se mantuvieron durante cuatro años con una paciente, donde a través de las mismas se tomaron síntomas homeopáticos que posibilitaban prescribir un remedio.

Se comenta la evolución y se plantea un interrogante sobre la supresión.

 Palabras clave

Entrevistas preliminares. "Concientious, about trifles". Supresión.

Antecedentes

            Hace varios años, tuve conocimiento de la experiencia que se realizaba en otra institución en un consultorio de Psiquiatría y Homeopatía.

Luego, en 1998 esa experiencia fue expuesta en el Congreso de Córdoba, en un trabajo donde se plantea que el rol del terapeuta estuvo subyacente en el abordaje de los pacientes, puesto que era un equipo formado en distintos enfoques psicológicos que partían del psicoanálisis.

Se respetaban las bases de la homeopatía y se focalizaba la oferta de tratamiento a pacientes que se denominan psiquiátricos, que están medicados con psicofármacos y se estudia la posibilidad de abandonar dicha medicación y administrar remedios homeopáticos.

La metodología de trabajo era efectuar una entrevista para escuchar el material del paciente y tomar los síntomas para prescribir el remedio homeopático, tomando también el material en su conjunto para pensar los mecanismos psicológicos que están presentes.

Una segunda entrevista se utilizaba para ampliar y repreguntar sobre los síntomas para la prescripción y  seleccionar además el conflicto emergente.

Luego se siguió al paciente con entrevistas personales y criterio de tiempo limitado, y varias consultas telefónicas. Los señalamientos eran en el aquí y ahora.

La evolución fue sorprendente según las autoras, en la combinación de señalamientos más medicación homeopática..

Cuestiones

Los elementos que se jugaban me interesaron, por el hecho de provenir de una práctica psicoanalítica de mas de veinte años antes de volcarme en totalidad a la disciplina homeopática.

A fuer de ser sincero, lo único que no me convencía era el hecho de instrumentar manifiestamente dos técnicas en simultaneidad por parte de la médica tratante, explicitándoselo  al paciente, pues me quedaba la duda de cual había sido en el imaginario previo del mismo el esquema de curación que iba a buscar, si medicamentoso homeopático (me inclino por esto), o tratamiento psicológico (lo dudo, puesto que parecía que tenía experiencia previa en éste) y como medir este dos en uno.

 Experiencia

 Como siempre sucede, basta que surja el interrogante para que la oportunidad se presente.

En 1997, un docente de la AMHA que conocía mi antecedente de la otra disciplina, me comenta un caso que lo preocupaba mucho, puesto que atendía a una familia desde hacía muchos años y surgía el problema en la hija mayor del matrimonio, una adolescente, perfecta estudiante de secundario, que hablaba últimamente muy poco, se pasaba horas viendo televisión los fines de semana y también mirándose al espejo durante lapsos prolongados.

Había tomado el caso y probado con varios remedios, que no la movían por el hecho de que no deseaba consultarlo, iba obligada con la madre y casi era imposible que respondiera. Preguntándose si era un brote psicótico, hace la derivación.

           Veo en dos consultas a los padres y planteo un plan de entrevistas  sin lapso definido con la paciente, en el caso de que aceptara concurrir.

 

Inicio

Comienza en junio de 1997. La estrategia que me planteé fue la de hacer entrevistas cara a cara para desplegar la problemática y derivarla a otro psicoanalista si surgía la transferencia a un interrogante mas profundo, estudiando además si con el material espontáneo que apareciera se podían delinear síntomas homeopáticos sin hacer preguntas directas.

 Resultado

            Al día de hoy lo producido fue que se desarrolló un ciclo  de lo que se llaman Entrevistas Preliminares, a razón de una vez por semana durante cuatro años, que se interrumpían durante los tres meses de verano y el mes de julio completo, y se prescribió en tres oportunidades un remedio homeopático: (siempre el mismo).

A fines de 2000 deja de venir por la ya rutinaria interrupción veraniega y no retoma.

 Esto ya estaba anunciado (no enunciado) por dos indicadores favorables:

1)      Por primera vez en octubre de 2000 surgió un elemento transferencial al psicoanálisis: ese día pensó que no tenía ganas de venir y además dijo que no podía pagar.

2)      La semana previa había ido a consultar al homeópata que la había derivado, "para controlarse la presión y por un quiste en la ingle".

Se abrían dos caminos que habían estado superpuestos, y debían ser transitados con dos profesionales diferentes. Volveré al tema en un cuestionamiento final.

Desarrollo

             ¿Qué síntomas homeopáticos surgieron en ese ciclo de entrevistas?

Lo que ella llamaba la planificación, que podía establecerse semanas o meses antes de un determinado acontecimiento. La alteraba mucho el percibir que luego no se cumplían o no podía ella cumplir las pautas previstas.

Esta anticipación era tan intensa que en cierto modo determinaba la perseverancia en cumplir un objetivo y le impedía tomar en cuenta que la hacía sufrir.

Desde primer año de secundario estuvo en un colegio al que se cambió (ya desde cuarto grado no quería el cambio) porque supuestamente era mejor, y sufrió los cinco años del ciclo sin hacer amistades ni conectarse, limitándose a ser una alumna ejemplar, puesto que había decidido que lo iba a terminar ( no había presión familiar en ese sentido).

Estudiaba obsesivamente y siempre creía que le había ido mal. Cuando luego resultaba la mejor calificada, lo atribuía a que ya le tenían buen concepto y ni se fijaban en lo que había expuesto.

En general nadie sabía estas cosas, puesto que debía reservarse malestares o deseos para no mostrar debilidad.

Asimismo, así como en general decía que era un desastre para la comida porque no le gustaba nada, si por ejemplo le había agradado un helado que habían traído a la casa, no comía delante de la familia, y luego buscaba en el congelador para comerlo cuando no la veían.

Un síntoma intensísimo era lo que llamamos Concienzuda por bagatelas, que se entrecruzaba con la anticipación y la falta de confianza, obligándola a muchas actitudes obsesivas.

Debía anotar en una agenda todo lo que hacía día por día, usando marcadores de distintos colores para subrayar distintos temas o escribir algunas palabras afines al mismo, con el color correspondiente.

Ir de vacaciones representaba llevar la agenda, tres juegos completos de marcadores (por si se gastaban), una docena de lápices , lapiceras y sacapuntas.

A la playa iba con papel, lapicera, lápiz y sacapuntas, aunque sabía que no iba a escribir.

La ropa que llevaba la transportaba en dos o tres valijas, aún sabiendo que después casi no la usaba, pero es que aquí, en su ciudad de residencia permanente, se cambiaba hasta ocho veces por día, según la ocasión. Ir al kiosco a comprar algo requería treinta minutos para cambiarse de ropa y llevar no menos de dos pesos aunque supiera que debía comprar algo de cincuenta centavos.

En su casa, frente a la puerta de su habitación había un felpudo, que debía estar en cierta posición y no podía irse o acostarse si no estaba así.

También debía cumplir algunos rituales como saltar varias veces delante de una biblioteca, poner en  todos los relojes de su cuarto la hora marcando cinco minutos de adelanto, atesorar cosas como anillitos o muñequitos pequeños, hablar con espejos porque allí no la iba a sorprender la respuesta, y si tocaba un azulejo de la cocina, al día siguiente debía tocar el de al lado.

A los cuatro meses de tratamiento, comentando incidentalmente que le da vergüenza hablar en el colegio, refiere que lo que sí hace es hablar durante el sueño.

 Prescripción

En junio de 1998, luego de ciertos malestares físicos leves que le imponían una rutina de ver a varios médicos ( clínico, traumatólogo, dermatólogo), aprovechando que en tratamientos cara a cara se indican a veces medicamentos, le propongo recetarle un remedio, y le indico Silicea  50 M , una microdosis.

A posteriori, sin interrogar se esperó a ver que sucedía en las sesiones.

Al mes decía que se ponía menos anillos (antes debía ser uno en cada dedo) y dos meses después refiere que hacía un montón de días que no escribía en la agenda y casualmente comenta que siempre tuvo pánico a las agujas.

Dice que duerme mejor porque no se siente obligada a poner una caja en el lugar que debía antes de dormir.

"Ahora estoy haciendo cosas que me gustan".

Para fines de octubre 1988 se reagudizó la planificación y siente pánico de hacer algo fuera de la rutina. Se indica segunda dosis de Silicea 50 M .

Para el comienzo del verano de 1999, hacía diecisiete días que no escribía en la agenda.

En las vacaciones  bailó en público, se había llevado poca ropa al lugar de veraneo y en abril de 1999 sorprendentemente no se había comprado agenda para ese año.

Hablaba mas con los padres de lo que le pasaba.

En todo ese año, los síntomas homeopáticos estuvieron muy atenuados. Ya ni sabía donde quedaba puesto el felpudo al salir.

Empieza a percibir que en el ritmo de funcionamiento de la casa hay una planificación fuerte a la que ahora critica.

Para abril de 2000 refiere que a fin de año, hasta bailó en la calle de su barrio y dice "Puedo hablar". También se puso de novia con un vecino.

 Para el 30 de junio de 2000, mes en que tuvo una infección renal derecha diagnosticada por el clínico (ahora no seguía el ritual de consultar uno o dos especialistas mensualmente), le prescribo la tercera dosis de Silicea  50 M (habían pasado veinte meses desde la dosis anterior).

Luego, siguió elaborando sus temas obsesivos, riéndose de ciertas rutinas que estaban establecidas en la casa.

En octubre, en simultaneidad  se da la consulta al médico homeópata que la había derivado y se perciben los elementos transferenciales que se explicitaron en el párrafo sobre el resultado que se expresó previo al desarrollo del caso.

 

Consideraciones finales.

             Volviendo al punto que se abría con los dos caminos enunciados al comienzo, me siento obligado a hacer una especulación.

En un trabajo que me publicó  esta revista en 1992, planteaba la posibilidad de que una psicoterapia mal instrumentada fuera supresora de síntomas, y que esto trabara un tratamiento homeopático en su desarrollo.

Con la presente historia de Entrevistas Preliminares... a qué?: a un psicoanálisis, podemos preguntarnos la inversa.

El remedio homeopático mejoró muchísimo en esta paciente sus rituales (felpudo, lápices, acumulación de objetos, movimientos obligados, cambios de ropa) etc., pero no nos olvidemos que sigue padeciendo una estructura neurótico-obsesiva severa.

 ¿Al "suprimir" esos síntomas, que eran o se iban a convertir en invalidantes puesto que no es difícil suponer que al final no iba a poder ni salir de la casa porque  siempre habría un rito por completar, eso no evitaría que la paciente decidiera concurrir a un tratamiento mas profundo?

Lo planteo porque otros síntomas eran mas llevaderos para ella, y además, como aclaré al principio, dejó de venir sin enunciar lo que se percibía, no desplegando mas la temática transferencial  sobre un tratamiento mas acorde con su padecer ignorado, no abriendo la oportunidad de indicar una derivación a otro profesional.

 

Para terminar, deseo expresar que en la misma semana en que estoy redondeando estas líneas, suceden dos hechos.

a) Me encuentro con el homeópata que me había derivado la paciente, al que no veía desde hacía dos años.

Al comentarle sobre la misma, sabiendo que nuevamente lo había consultado, busca la historia y refiere que la consulta había sido por hipotensión y un pelo encarnado en la ingle, por lo que había prescripto Silicea M. Esto reconfirmaba el remedio.

En cuanto a mi interrogante sobre la posible supresión de síntomas valiosos para comenzar un análisis, él no está de acuerdo, porque plantea que si la base es lo miasmático, ejemplificándolo como un iceberg del que solo vemos una mínima parte emergente, si socavamos en la superficie, al final se dará vuelta, nos mostrará otra cara pero del mismo iceberg y habrá otros síntomas.

Le expresé mi desacuerdo relativo, porque me parecía bien el ejemplo para la disciplina homeopática, pero no si lo miraba desde el lugar del analista, puesto que son ciertos síntomas y no cualquiera los que impulsan a sumergirse en la experiencia.

 b) El azar,  a través de un colega de la AMHA a quien su ex-analista le ofrece una invitación  para seminarios en una institución psicoanalítica, hace que llegue a mis manos la misma.

La directora de esa institución había sido paciente de Vijnovsky y fue quien me derivó a él siendo mi analista.

Hablé por teléfono con ella y al comentarle sobre el interrogante que aquí me surge, me expresa que este había sido un tema que había hablado muchas veces con Vijnovsky  porque a pesar que él lo negaba casi con las mismas razones que a mí me planteaba mi colega, ella le decía que en el análisis a veces es importante conocer manifestaciones físicas o síntomas que se producen luego de una sesión como resultado de una contrariedad imaginaria, pero muchas veces  el homeópata es consultado telefónicamente antes, por ejemplo por un dolor de garganta  surgido después de la misma ,  le daba la medicación y el paciente se olvidaba de referir ese hecho en las sesiones a veces por una o dos semanas, aunque quien dirigía la cura percibía que algo no cerraba.

  

Tiempo de concluir

             Evidentemente , el tema no queda cerrado ni mucho menos, lo que resulta estimulante para seguir planteándolo en el ámbito de la Escuela, tomada ésta como en los tiempos antiguos, donde significaba lugar de refugio contra el malestar en la cultura.

Sería esta una vuelta mas en los vericuetos de lo que se llama supresión, y tendríamos que empezar a plantearnos si ésta no adquiere entidad al enfrentar una distinta corriente de pensamiento.

Para la alopatía, que desaparezca una erupción es coherente con el criterio de curación que sustenta;  si aparece un broncoespasmo es otra enfermedad.

A lo anterior la homeopatía lo ve como supresión, pero que desaparezcan los síntomas que conforman  "Concienzudo por bagatelas" lo vive como un éxito, que un psicoanalista cuestionaría desde la teoría en que el síntoma se sostiene y se construye a través de la cura.

A la psicoterapia le parece efectivo el que se "asuman" las vivencias y al homeópata le desbarata a veces el caso a seguir por las intelectualizaciones que oscurecen y perturban la evolución.

Como vemos, afortunadamente  la cuestión sigue abierta.

 Bibliografía

 1)      Dra. Fishman , Silvia y col., Acta 2do Congreso Famha, 1988, pág. 98.Una experiencia de práctica homeopática en psicología.

2)      Dr. Traverso, Jorge A., Homeopatía Vol. 57 N° 4, 1992, 153-155. El homeópata frente a pacientes en tratamiento "Psi".

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