Dr. Jorge A. Traverso


Pacientes Homeopatizados y Enfermedad Cáncer.

Resumen:

Se comenta como puede acompañar el homeópata a un paciente con años de tratamiento homeopático que desarrolla un cáncer.

Palabras clave

Imaginario sobre cáncer. Decepción. Acompañar.

Enfermedad Cáncer : reacciones ante la misma.

Cuando surge el tema de la enfermedad cáncer, el imaginario que se despierta actualmente en cualquier sujeto con respecto a incurabilidad, destructividad, finitud de la vida, que nos hace evaluar nuestra postura ante el par simbólico vida - muerte, también pone en marcha en el médico homeópata una serie de mecanismos que lo apartan a veces de la posición médica que ha tomado, y le afloran sus fantasías y temores similares a los de cualquier semejante, que tal vez le hagan perder el cauce de su conducta médica habitual.

No es caprichoso el nombrar solamente al médico homeópata.

El profesional que se desempeña en la alopatía se circunscribe a su campo en el sentido que tienen una serie de acciones normatizadas y aplicables con el sólo límite de los recursos técnicos que pueden existir en un país con respecto a otro, y en ese camino, lo único que en general observamos a veces es un exceso en la sobreaplicación de métodos que tal vez algo alarguen la vida (y no siempre es así), pero a un costo tremendo en cuanto a calidad de la misma.

No es lo mismo con el médico homeópata. Éste tiene en general una postura diferente en cuanto a tomar en cuenta al enfermo y no a la enfermedad, pero esa diferencia que también lo ha llevado a explorar concepciones filosóficas de distintas culturas o disciplinas, a veces se borra puesto que ante la palabra cáncer se pone en excesivo relieve a la enfermedad, y esto lo asemeja al paciente que la sufre en cuanto a las reacciones.

Así como los pacientes que han sido tratados con homeopatía, cuando se les diagnostica un cáncer presentan como una de sus manifestaciones el asombro, no solo el de "¿cómo me sucede esto a mí?" sino también el "Si yo me trato con homeopatía", atribuyéndole a esta disciplina un carácter omnímodo de protección contra todo o de mágico como evitativo de ciertos males, también cuando se escuchan exposiciones en paneles de homeópatas que evalúan la disciplina homeopática incidiendo sobre la enfermedad cáncer, se plantean ponencias que nos hacen recordar las citadas fantasías de los pacientes.

Están los que dicen "en mi experiencia no he tenido pacientes que desarrollaran cáncer".

Esto esconde una doble falacia: una, tipo mensaje subliminal desliza el mensaje que los pacientes tratados con homeopatía no desarrollan la enfermedad, que se asemeja a la idea mágica de los pacientes.

Otra, mas evidente es que la experiencia de un homeópata es acotada por el hecho de que en general ha atendido sólo en consultorio privado, a una pequeña muestra de población perteneciente a standards socioeconómicos determinados y con un mayor cuidado de la salud y acceso a la información; además estarán los desencantados que ante ese diagnóstico surgido en un chequeo de rutina desaparecen de la consulta periódica sin comunicar esa novedad.

Otros profesionales comienzan a explayar su sapiencia enciclopédica e informática y emiten la señal de que si los homeópatas no curan el cáncer es porque ignoran la Materia Médica.

Estos dos grupos se unen a un tercero que dice como actúa en forma personal ante la enfermedad, y los tres en conjunto entran en la teoría del "todo vale".

Ésta es la de olvidar la concepción doctrinaria con la que actúan en general con los pacientes que no portan la citada enfermedad, por ejemplo enfocando al enfermo y no a la enfermedad y administrando un único remedio.

Entonces aconsejan e indican (o se oponen) a radioterapia, cirugía y quimioterapia.

Dan el medicamento de base mas el que mejore efectos de los rayos, el que supuestamente actúe sobre el carcinoma y el nosode específico, si es posible todos juntos, y también remiten al curandero, al astrólogo y al que ejerce la antroposofía, olvidando que sería mas adecuado indicar el medicamento de acuerdo a la teoría en que han sido formados y que ejercen en los demás casos que se les presentan, mejorando con ello la calidad vital de los pacientes y acompañando el proceso, y dejar que sea el paciente que sufre la enfermedad el que apele a todos los mecanismos que se le ocurran con tal de evitar la muerte si es que el diagnóstico le evoca sólo la condena.

Casos: Tres historias de pacientes "homeopatizados".

1) Paciente que comenzó su tratamiento homeopático en 1965 con 37 años de edad. A pesar de vivir a 700 Km. de la ciudad de Buenos Aires tuvo consultas con Vijnovsky cada cuatro meses hasta 1990, en que comenzó a venir una sola vez por año.

         Viendo su evolución, en realidad se ve en la historia clínica una historia de vida, con sus altibajos, alegrías y desdichas compatibles con cualquier ser humano.

El medicamento que recibió la mayoría de las veces fue Natrum Muriaticum.

         Luego del fallecimiento del maestro me fue derivada la paciente teniendo ya 68 años y pude conseguir su historia clínica de treinta años de control homeopático.

         Siguió concurriendo a Bs. As. una vez por año y seguía vibrando en Nat. Muriaticum.

         En 1997, luego de vivir ocho meses en Europa en la casa de una hija profesional becada allí por un año, al volver manifiesta algo que ya en 1996 había esbozado, diciendo que le atacaba el alma el problema de la hija.

         El mismo era que el yerno sometía a maltratos de palabra y de hecho a su hija, pero que en el período de convivencia en Europa había hecho eclosión al ver que también maltrataba a su nieto con palizas.

         Al trastorno por decepción, puesto que jamás había creído posible esa conducta se sumó un trastorno por cólera silenciosa con pena. Decía que luego de esa sensación salió a la calle, donde luego se puso a llorar a los gritos.

         En otra salida por la misma causa cayó y se lesionó una rodilla.

         Decía que al principio podía soportar mejor esa situación, pero luego la invadía la tristeza. En Agosto de 1998 refiere que se siente impotente, ella que era "mujer de armas llevar" y "no me siento yo, estoy fuera de mí". Todos la ven pasiva, sin ganas.

         Por síntomas gastrointestinales, se indican estudios que realizará en su lugar de residencia.

         A fin de octubre de 1998, con vómitos incoercibles, es operada con diagnóstico previo de Cáncer de estómago y se le efectúa una gastrectomía total.

         Concurrió nuevamente a consulta en marzo de 1999. Tenía una anemia severa; seguía con tristeza y mortificación no queriendo "pensar en profundidad".

         Luego, por una hermana de ella me entero que fallece en septiembre de 1999.

         2) Otra historia, de una mujer que comienza a tratarse homeopáticamente a los 33 años en 1966, donde su remedio por largos períodos fue Lycopodium, administrado también por Vijnovsky, la recibo a los 30 años de haber iniciado su tratamiento, en 1996 con 63 años de edad.

         Hasta fines de 1999 las consultas se sucedieron cada cuatro meses con el mismo remedio constitucional.

         Desde comienzos de 2000 me empieza a manifestar su decepción por la marcha socio-política del país y llamativamente, dado que se ha movido toda su vida en un nivel socioeconómico alto que no fue afectado y a pesar de su edad, manifiesta sus deseos de irse a vivir a otro país, aunque fuera a empezar de nuevo, porque no tolera que sus nietos tengan que vivir aquí, donde "nada les espera".

         Este cuadro se intensifica a fines de 2000, provocándole mal humor que se percibe hasta en su trato conmigo.

         En marzo de 2001 y luego de una consulta donde hay una anemia importante y aversión a la carne como síntoma nuevo, le indico una consulta con el gastroenterólogo y estudio endoscópico. En abril la colonoscopía detecta un tumor en ángulo hepático del colon y es operada en mayo; el resultado anatomopatológico fue adenocarcinoma.

         Evoluciona bien desde el segundo día de la operación. A fines de mayo, se revirtió la aversión a la carne; sigue actualmente con Lycopodium y se intercala carcinosin periódicamente.

         3) Una tercera paciente de 63 años, ésta sin tratamiento homeopático previo, me consultó en 1996 por problemas gástricos e hipertensión arterial que a pesar de estar con hipotensores, no descendía en sus valores de 170/100.

         Los síntomas mentales que aportó en la primera entrevista apuntaban muy claramente a Lycopodium. El hecho de que ya para la segunda consulta estaba con valores normalizados en su tensión arterial ( con hipotensores que antes no le hacían mucho efecto) y que en consultas posteriores también estaban muy equilibrados los valores de colesterolemia total, LDL y HDL, hacían pensar que el remedio indicado se acercaba a la utopía de haber recibido su simillimum.

         Siguió con muy buena evolución hasta noviembre de 1998. En ese momento, por estar en edad de jubilarse desde hacía tres años, preguntó como todos los años previos a la Comisión Directiva si iniciaba los trámites o si seguía.

                  Siempre le decían que siguiera, porque era necesaria su dirección, pero en esta oportunidad había asumido un cargo ejecutivo un "representante legal", no preparado en la docencia pero "experto en finanzas y eficiencia", un "Juan de los palotes" según ella, que le dice que sí, que mejor se vaya; además quiere cambios en idiomas y otros que implican echar a nueve de doce personas a cargo de ella, y "sacaban el manejo educativo de mis manos".

         La decepción fue tal, que en diciembre del 98 en el discurso de fin de año, ella (que antes no se animaba) anuncia su renuncia al cargo sin aviso previo, con el impacto consiguiente en el público y autoridades presentes en el acto.

         "Eso y el harakiri creo que fue lo mismo, algo visceral".

         Durante 1999 y 2000, a pesar de haberse mudado a una quinta en un polo de gran desarrollo urbano a cincuenta km. de la Capital donde se sentía cómoda pero sin mucho por hacer, se produjeron bajones anímicos que a veces la hacían llorar. Con su remedio de base se paliaba la situación, sobre todo la de la peor hora, que era "la tardecita" después de las 16 hs.

         En marzo de 2001, luego de una proctorragia se indican estudios que llevan a una intervención quirúrgica en junio con diagnóstico posterior anatomopatológico de adenocarcinoma de recto a menos de 10 cm. de ano.

Se la preparó previa y posteriormente (como a la paciente anterior) con medicación homeopática ad-hoc, tuvo un buen postoperatorio de la operación con ano contra-natura definitivo y actualmente sigue con Lyc. en plus y se intercala cada dos meses carcinosin.

        

Consideraciones

En los tres casos se observa un episodio de gran decepción que altera mucho la vitalidad del paciente a pesar de estar homeopatizado desde hace muchos años (en dos de ellos durante mas de treinta años).

Esto nos hace pensar que ante grandes e inesperados impactos que afectan a un sujeto en particular, no hay energía vital que resista incólume a pesar de la medicación instituida previamente.

No debemos hacer estadística pero sí ir construyendo la individualidad de una serie "uno por uno" para intercambiar datos.

La búsqueda de estos casos fue precisamente motivada por elementos que surgían semanalmente en la cátedra en un intercambio de experiencias de la consulta diaria de cada uno de los participantes de la misma.

El Dr. Juan C. Pellegrino puntualizó lo que se le ha presentado algunas veces en su práctica: ciertas pacientes que desarrollaron cáncer de mama habían sufrido previamente un cuadro severo de Decepción de amor donde el remedio que se erigía como constitucional era Natrum Muriaticum.

En los tres expuestos en este artículo, el desequilibrio pareció provocado por Decepción y en los dos casos de Ca. de colon Lycopodium era el remedio de base.

        

Consideraciones finales.

                 

Creo que la ventaja del homeópata es que frecuentemente conoce al paciente desde varios años antes y también sabe sobre el ámbito familiar que rodea al mismo.

         Consecuentemente, aunque el percibir un Trastorno por... desequilibrante no lo faculta para evitar todas las veces sus efectos, que frecuentemente sólo adquieren dimensión diagnóstica a posteriori, sí lo habilita a estar en mejores condiciones para acompañar el proceso de enfermedad.

         No olvidemos que en la otra medicina tal vez a un paciente operado e irradiado se lo considera curado o que no hay cáncer presente, y nosotros seguimos pensando en el miasma cancerínico y tratándolo en consecuencia.

         En este acompañamiento, estaremos en mejores condiciones para intercambiar impresiones con los que rodean al paciente, así como en mantener charlas frecuentes, semanales o a veces diarias telefónicamente con el mismo, donde observaremos que mas allá de la enfermedad padecida, que en virtud del aumento del promedio de vida de la población hace que se presenten con mas asiduidad procesos degenerativos, podremos consolar, así como observar con la medicación instituida como disminuyen los pensamientos en torno a la muerte, o como hay un mejor dormir donde muchas veces el paciente se encarga de aclararnos que aún despertando en la noche no se detiene tanto en especulaciones desagradables sobre su propia muerte.

         Finalmente , considero que en ese período lo que adquiere mayor predicamento en el tratamiento es el factor : médico-persona como aliviador de ese último tramo, donde como decíamos antes, se debe consolar siempre, en la medida en que el otro pida.

Bibliografía

1.     Ateneo Clínico AMHA. Septiembre 2000

2.     Semana de la Homeopatía 2001. Mesa redonda..

3.     Pellegrino, Juan C. Clases en cátedra. Año 2001.

Antecedentes

Publicaciones Generales

Publicaciones Médicas