Dr. Jorge A. Traverso


Enfoques del parágrafo 210 del Organón

 

Resumen 

Se estudia el valor de la llamada que agregó Hahnemann al parágrafo 210 del Organón, interpretaciones de la misma que se han hecho y algunas diferencias que se encuentran en distintas traducciones del mismo. Se aporta ademas la versión del original alemán de dicho parágrafo.

Traducción

Palabras Clave

Asombro y espanto. Síntoma peculiar. Cura de la enfermedad.

Presentación

Con la lectura del Parágrafo 210 de Hahnemann, que inaugura la serie de los siguientes diecinueve parágrafos que abarcan  lo que se da en llamar enfermedades mentales, psíquicas o emocionales, nos encontramos con una llamada en la que agrega el autor dos planteos que parecerían en espejo el uno con el otro y de los que cabe deslizarse a las interpretaciones que diferentes homeópatas dan a estos párrafos, producto de algo que ya he tratado en otro artículo de esta misma revista con respecto al factor imaginario que normalmente surge y que generalmente es diferente según la posición crítica del lector. (1)

Asimismo es oportuno actualizar  otro relato con  este factor común que se despierta con la lectura de un escrito que es fundamental para la práctica de nuestra disciplina.

Historia

Hay un hecho que ya constituye un elemento cuasi folklórico en la cátedra vespertina de los días Jueves.

Cuando se tratan temas referidos a las distintas interpretraciones  que se le pueden dar a lo que se intenta lograr en el final de una cura, siempre surge como chanza el recuerdo de cómo en un Congreso efectuado en 1996, ante una pregunta que formulé como crítica a la creencia de que la cura homeopática era que un paciente llegara a “los altos fines de la existencia”, planteando que sólo serían “fines de su existencia” y que si sus ideales ( por identificaciones ancestrales) tenían que ver con lo delictual no pasaría de allí, desde la mesa de debate un renombrado profesional respondió que solamente quien no había comprendido el Parágrafo nueve podía decir tamaña atrocidad, con unánimes aplausos de la sala que avalaron su afirmación.

Poco después le agradecí por carta sus dichos, remarcando que consideraba que tenía toda la razón, que yo  nunca había querido “comprender” el parágrafo 9, sino leerlo solamente, viendo que dice fines de su existencia, sin “imaginar ni entender”; asimismo agradecía la reacción supuestamente adversa del auditorio hacia mi postura, porque la misma había motivado una investigación monográfica sobre como ciertas marcas de la cultura no habían tenido efecto en el pensamiento de grandes figuras de la homeopatía mundial ni aún después de 1920, donde el descubrimiento del Inconciente demolía creencias tales como que el hombre ejerce total dominio sobre sí mismo.(2)

  Parámetros

En la citada monografía mi modesto aporte fue reubicar el concepto del “pensar mal” de Kent y Ghatak a los que siguieron luego  autores mas  contemporáneos, argentinos entre otros, en otra perspectiva mas ligada a la estructura donde se moviliza y desempeña el sujeto, vinculada mas al predominio de sus identificaciones.

En aquel momento ubicaba la escena para dar un ejemplo en una favela brasileña, interrogándome a posteriori el porqué elegía esa referencia y no en una villa argentina.

Considero actualmente que favela representaba una estructura socio-cultural nítida, así como recién ahora tenemos aquí la sociedad villera y sus manifestaciones: cumbia villera dentro de una mas amplia  música villera, hasta tipología villera: por ejemplo arquitectura efímera de residuos con características propias (construyen con sus propias manos y las fabrican con deshechos), rudimento de reciclaje de residuos dentro de un pacto social villero.

Un autor como Carlos Eduardo Libedinsky, titular de Arquitectura de la U.B.A. expresa que en una investigación sobre “Arquitectura de desechos urbanos” que realizaron, escucharon una particular interpretación del Via crucis de tres cruces que se desarrolla para pascua en algunas villas.

La presencia de los dos ladrones a los lados de Cristo no es una variable original de la representación.

Pero al autor lo impresionó la interpretación de una familia de villeros, cartoneros honestos y creyentes, que atribuyeron la presencia de los ladrones a que “los chorros son buenos”.

Dice el autor que ingenuamente les preguntó si se referían al buen ladrón que se arrepintió. La respuesta fue: “No, los dos eran buenos y mas digno el otro, que no se achicó ante la parca”.

Estas expresiones alternativas configuran un tema de análisis para incluir en la comprensión e interpretación de su cultura y desde allí redimensionar la frase “los altos fines de su existencia” como objetivo de la cura homeopática según la individualidad del que consulta.

  Parágrafo

Volviendo entonces luego de esta digresión al contenido del parágrafo 210, nos encontramos con varios elementos que despiertan diversas opiniones.

Tomando primero la versión del Organón comentada por Vijnovsky y pensando la esencia de la psora como una condición del sistema para desarrollar los síntomas de las que llamaremos enfermedades, vemos que Hahnemann ubica las que se designan como psíquicas y mentales sin apartarlas de las otras, pues considera que en todas hay modificaciones del estado psíquico del enfermo.(3)

En el parágrafo hay una llamada a pié de página que activa los interrogantes y versiones diversas que se dan del contenido de la misma.

La llamada se compone de dos párrafos con dos ejemplos diferentes, que parecen ser uno espejo del otro, en el primero comienza por la enfermedad y llega al carácter desconocido que aflora con la curación la misma y en el segundo muestra el carácter previo y su transformación durante la enfermedad.

En la primera parte de la llamada Hahnemann nos habla de pacientes que con una prolongada enfermedad de muchos años, muy dolorosa ella, mantienen un humor dulce y apacible que nos provoca respeto y compasión por ellos.

Pero cuando el enfermo se restablece al vencerse la enfermedad con el tratamiento homeopático, nos surge asombro y espanto por cambios inesperados de carácter, al reaparecer la ingratitud, la maldad refinada, el humor detestable, las actitudes despreciables e indignas, que eran atributos del paciente antes de su enfermedad. (El subrayado es mío).

Aquí surgen los cuestionamientos:

Hahnemann  alude al “asombro y espanto” que provocan cambios “inesperados” de carácter, pero que al mismo tiempo llama atributos del paciente antes de su enfermedad.

Vijnovsky habla de la aparente posibilidad de supresión y por consiguiente mala evolución del caso, (teoría a la que adhieren prestigiosos homeópatas en la actualidad).

Cuando se habla de mala evolución es porque se supone que buena evolución significa estar acompañada o precedida de una mejoría mental, o como aclara Vijnovsky, que los cambios inesperados solo signifiquen un retorno de síntomas antiguos que exige la buena evolución de un caso, debiendo en consecuencia esperar para la curación total.

Pero detengámonos en el ejemplo de Hahnemann: dice que en  la enfermedad de larga data y muy dolorosa han conservado un humor afable y apacible que le llamaba la atención.

No es que han conservado una característica que era previa a la enfermedad, puesto que luego el espanto que refiere es  al surgir los atributos de carácter del paciente previos a la misma.

Cuando se cura la enfermedad desaparecen esas características de dulzura y afabilidad que casi eran peculiares por lo llamativos que resultaban durante una enfermedad penosa y larga que como él mismo dice en el parágrafo también debe expresarse en el estado psíquico y desde allí tomarse como síntomas.

Cuando con la curación resurge el verdadero carácter, que tal vez por la antigüedad de la enfermedad ni había surgido en el relato para la toma del caso, por lo cual al aparecer resulta sorprendente para el médico y hasta para allegados al paciente, refleja la estructuración caracterológica dada por la constitución miasmática del sujeto.

En esa nueva actualidad, tal vez para el homeópata hay síntomas miasmáticos que hay que seguir tratando, pero tendría que evaluar si el paciente considera a esas muestras de carácter como síntomas desagradables o los percibe como una muestra mas de su identificación familiar con otros antepasados y por ende no les adjudica importancia patológica alguna.

Recordemos  el espejo que nos muestra Hahnemann en la segunda parte de la llamada del parágrafo 210 donde describe los síntomas mentales desagradables concomitantes a la enfermedad, que al curar vuelven a ese estado anterior en que eran púdicos e inteligentes. De estas características nadie eleva una queja.

  Tomé contacto con distintas traducciones del Organón, recordando que semióticamente traduttore proviene de traditore, traidor a la lengua en este caso y para certificar si la forma de expresión que utiliza el autor del mismo es válida o un simple e imaginario giro literario de quien hace la traducción.

En la de Hoschstetter en castellano, la primera parte de la llamada que aludíamos no está en un apartado sino incluida en el texto del parágrafo, y no figura “el espanto y asombro que produce ese cambio terrible de carácter “, y en la nota adjunta solo coloca algunos elementos de la segunda parte de la misma.(4)

Llamativamente, en la versión en inglés que publica Hoschtetter tomando el texto  a través de las traducciones de Dudgeon y Boericke, aún conservando dentro del texto principal la primera parte de la llamada, sí hace mención al asombro y el espanto producidos luego de la cura.(5)

Lo mismo pasa en una versión de Boericke de alemán a inglés y traducida por Romero al castellano.

En castellano está la llamada al pié sin referir asombro y espanto, pero en el mismo libro en la versión en inglés sí están estas palabras.

En otra traducción de Boericke en inglés editada en Nueva Delhi(6) trae la llamada al pié con las citadas palabras, lo que se repite en la versión francesa que publicó Pierre Schmidt(7).

Finalmente, la versión original alemana sí trae las expresiones “asombro” y “espanto” en el apartado y considero un aporte útil transcribir textualmente todo el parágrafo tomado del original para facilitar eventuales investigaciones de otros colegas sobre el tema.(8)

Parágrafo 210 en Alemán original

Der Psora gehört fast alles an, was ich oben einseitige    Krankheiten nannte, welche dieser Einseitigkeit wegen, (wo vor dem einzelnen, großen, hervorragenden Symptome alle übrigen Krankheits-Zeichen gleichsam verschwinden) schwieriger heilbar scheinen. Dieser Art sind die sogenannten Gemüths- und Geistes-Krank-heiten. Sie machen jedoch keine von den übrigen scharf getrennte Classe von Krankheiten aus, indem auch in jeder der übrigen sogenannten Körperkrankheiten die Gemüths- und Geistes-Verfassung allemal geändert ist*), und in allen zu heilenden Krankheitsfällen, der Gemüthszustand des Kranken, als eins der vorzüglichsten mit in den Inbegriff der Symptome aufzunehmen ist, wenn man ein treues Bild von der Krankheit verzeichnen will, um sie hienach  mit Erfolg homöopathisch heilen zu können.”

 

“*) Wie oft trifft man nicht, z. B. in den schmerzhaftesten, mehrjährigen Krankheiten, ein mildes, sanftes Gemüth an, so daß der Heilkünstler Achtung und Mitleid gegen den Kranken zu hegen sich gedrungen fühlt. Besiegt er aber die Krankheit und stellt den Kranken wieder her - wie nach homöopathischer Art nicht selten möglich ist - da erstaunt und erschrickt der Arzt oft über die schauderhafle Veränderung. des Gemüths, da sieht er oft Undankbarkeit, Hartherzigkeit, ausgesuchte Bosheit und die, die Menschheit entehrendsten und empörendsten Launen hervortreten, welche gerade diesem Kranken in seinen ehemaligen gesunden Tagen eigen gewesen waren.

Die in gesunden Zeiten Geduldigen, findet man oft in Krankheiten störrisch, heitig, hastig, auch wohl unleidlich, eigensinnig und wiederum auch wohl ungeduldig oder verzweifelt; die ehedem Züchtigen und Schamhaften findet man nun geil und schamlos. Den hellen Kopf trifft man nicht selten stumpfsinnig, den gewöhnlich Schwachsinnigen hinwiederum gleichsam klüger, sinniger und den von langsamer Besinnung zuweilen voll Geistesgegenwarl und schnellem Entschlusse u. s. w.”

Comentarios  finales

En consecuencia considero que la esencia de la nota al pié del parágrafo nos muestra que en una toma del caso de una enfermedad que lleva a veces veinte o más años de evolución, el carácter del paciente que nos es mostrado es el que convivió con la afección y aunque en la investigación biopatográfica nos sea posible detectar el trastorno por ... desencadenante, puede suceder  que no nos transmitan, (sólo se daría en el caso poco frecuente de que venga acompañado por alguien que lo conocía previamente a una enfermedad de la que datamos sus comienzos tres décadas atrás), cuál era el verdadero carácter.

Tal vez por eso, al emerger éste provoque el asombro o espanto referidos, si es que responde a las características de lo que llamamos desagradable o mal visto, pero tendríamos que adjudicarle el mismo valor que si descubrimos un muy buen carácter previo a la enfermedad que se ha curado, aunque en este último caso la sorpresa será mas agradable.

Simplemente en la cura reapareció algo anterior, que si no se resuelve espontáneamente, como decía Vijnovsky cuando es un síntoma de una enfermedad previa a la que estuvimos tratando, lo pondremos sobre el tapete.

En manos del paciente quedará considerar si esto fue lo que lo enfermó, mas allá de lo que el médico tratante insista en este punto  aconsejando una re-toma del caso para seguir tratando el miasma predominante en el momento actual.

El homeópata no puede mas que recomendarlo, puesto que lo que él considere todavía aberrante ( o espantoso), tal vez para el sujeto es una connotación caracterológica que tiene conexión con sus ancestros y  su entorno social, donde posiblemente no llame la atención una particular forma de ser que a nosotros puede asombrarnos.

Bibliografía

1)        Traverso, J. A.: “La toma del caso y el imaginario del Homeópata. “Homeopatía” Revista de la AMHA- Vol. 60  N° 2 . 1995.

2)        Traverso, J. A.: “Marcas de la cultura: incidencia en el pensamiento de la Doctrina Homeopática”. “Homeopatía”  Revista de la AMHA- Vol. 63 N° 1. 1998.

3)        Vijnovsky, B.: Traducción y comentarios del Organon de Hahnemann. – Talleres Gráficos Zlotopioro- 1983.

4)        Hoschtetter, K.: Organon del arte de curar. Editorial 6B. Traducción Hoschtetter, químico-farmacéutico. Chile. 1974.

5)        Hoschtetter, K.: Organon of medicine Jain Publishers (P) LTD. Edic 6B.

6)        Boericke, W.: Organon of medicine.Traslated with preface bij. Jain Publishers (P) LTD. New Delhi. 1993.

7)        Schmitt, P.:Doctrine Homeopatique an Organon. Glosaire et annotations.

8)        Hahnemann, S. : Organon der Heil Kunst Letze und g,Auflage. C. Verlag.Berg am Starnberger. Set 1985.

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