Dr. Jorge A. Traverso


Un mito en la Homeopatía: “Lo digno de curar”

A myth in Homeopathy: What's worth healing"

 

Resumen

A lo largo de la historia, siempre se han sucedido los mitos, ficciones alegóricas que en parte sustentan la historia de la civilización, basados en la tradición oral, como intento de explicar ciertos acontecimientos sosteniendo hechos históricos que no es necesario que sean estrictamente reales.

Como no podía ser de otra manera, también en la trama de la Homeopatía circulan frases que corresponden al mito en su carácter de tradición oral aunque no se encuentren elementos que lo certifiquen, adicionándose el hecho que tampoco queda circunscrito a una sola región.

Una de las mismas es “Lo digno de curar”, que por otra parte también integra el entramado que entrecruza los temas en este Congreso que está transcurriendo.

Si el interrogante se dirige a un homeópata, la cuestión se desplaza entre preguntarse si es una cuestión valorativa como que se podría discriminar entre aspectos que merecen ser curados y otros descartables, o como varios maestros de la homeopatía argentina que en sus escritos, refiriéndose siempre al Parágrafo 3° del Organón, consideran el último párrafo del mismo como “lo que se debe curar”, tomando en cuenta todos los parámetros diagnósticos del médico homeópata.

Un remitente desconocido me envió un mail donde decía que había leído en Internet un trabajo mío, cuyo título (“Lo posible de curar”) seguramente resultaba significativo para lo que a esta persona preocupaba. A continuación planteó una larga serie de preguntas acerca de los resultados de un tratamiento.

Para corroborar el sentido de “lo digno”, si tomamos el libro de las Enfermedades Crónicas escrito por Hahnemann, en una traducción muy buena de la versión alemana realizada aquí en Buenos Aires, vemos que en el párrafo 205 encontramos su referencia al médico comenzando el mismo: “Cuando desea obrar dignamente en su profesión” en una enfermedad a través de la cual se pone en peligro la vida humana, etc. etc., y refiere los pasos a dar como conducta homeopática, iguales a los referidos en el Parágrafo 3 del Organón.

De dos versiones alemanas del mismo  resultó que “ächter” con diéresis no existe.

Así que la palabra “ächter seguramente fue escrita así como una forma errónea de decir echter (la “ä” se lee fonéticamente como una “ae”), y “Echter” significa “genuino, “verdadero”, “puro”, “original”, “legítimo”. Como adjetivo se aplica para expresar que algo es “de ley”, “de pura cepa”.

Nos recuerda a “verdadero maestro del arte de curar”.

Consecuentemente debemos recordar que el concepto de la dignidad recae sobre aquel que pretende ejercer tal arte, y no sobre aspectos de la enfermedad que podrían quedar sumidos en criterios de desvalorización. 

Finalmente, reconocer que a pesar de no encontrar los elementos puntuales que avalen la existencia de la frase del título, ésta sigue perpetuándose como mito sostenido por la tradición oral.

Palabras Clave

Digno-curar-enfermedades crónicas-Organón

Abstract:

All throughout history, there always have been myths, allegorical fictions that to some extent support the history of civilization, based on oral tradition, as an attempt to explain certain events maintaining historical facts which are not necessarily strictly real.

As it is usually the case, in the Homeopathic field there are a number of phrases that correspond to myths with respect to their oral tradition character although there are no elements to certify them, apart from the fact that they are not circumscribed to one region, either.

One such phrase is “What’s worthy of cure”, which on the other hand, is part of the interweaving that relates the topics in the current Congress.

If the question is directed to a homeopath, the issue moves between wondering whether it is a matter of value judgment, that it is to say how aspects which are worth curing and those which can be disposable could be distinguished, or as several prominent figures of Argentine homeopathy who, in their writings, always referring to Paragraph 3° of the Organon have considered the last paragraph as “what must be cured”, taking into account all the diagnostic parameters available to the homeopath.

An unknown sender emailed me telling me that he had read on Internet one of my papers, whose title (“What is possible to cure”) was surely meaningful to what this person was concerned about. After that, he made a long list of questions about the results of some treatment.

In order to corroborate the sense of “what’s worthy”, if we take the Chronic Illnesses book written by Hahnemann, in a very good translation from the German version made here in Buenos Aires, we will find in paragraph 205 its reference to the doctor, starting this way: “When it is wished to act with dignity in its profession” dealing with a life threatening human illness, etc. etc., and makes reference to the steps to be followed according to the homeopathic conduct, the same as those expressed in Paragraph 3° of the Organon.

It turned out from two different German versions that ächter written with umlaut does not exist. So, it is very likely that the word “ächter” resulted from a mistaken way of saying “echter” (the vowel “ä” is phonetically read as “ae”), and “Echter” means “genuine”, “true”, “pure”, “original”, “legitimate”. As an concept, it is used to refer to something that is lawful, of good true quality. 

It reminds us of “true master of the art of curing”.

Consequently, we should remember that the concept describing dignity refers to the person who intends to master such art, and not to aspects of the illness that could be subjected to devaluation criteria. 

Finally, we should also acknowledge the fact that in spite of the lack of specific elements to support the existence of the title phrase, this phrase keeps perpetuating itself as a myth maintained by oral tradition.

Key words: worthy – cure – chronic illnesses – Organon

Presentación

A lo largo de la historia, siempre se han sucedido los mitos, ficciones alegóricas que en parte sustentan la historia de la civilización, basados en la tradición oral, como intento de explicar ciertos acontecimientos sosteniendo hechos históricos que no es necesario que sean estrictamente reales.

El mito de Edipo, el mito del héroe, míticas luchas en la antigüedad se han ido transmitiendo por generaciones.

También han existido mitos urbanos más cercanos en el tiempo, contemporáneos, como fue en nuestra ciudad capital el mito del niño asado, que apareció y circuló en el año 1949 con gran intensidad.

Más o menos relataba que en el seno de una familia acomodada de Buenos Aires aconteció un nacimiento. A los pocos meses una integrante del personal de servicio, enojada por una actitud previa de sus empleadores, había concebido y ejecutado una venganza. 

Al volver sus patrones de una salida, les sirve como cena una comida al horno, de la que luego de ser ingerida se descubre con horror que el alimento había sido el niño de la casa.

Esta historia circuló rápidamente por toda la ciudad en determinados y variados niveles, como taxistas, camareras y consultorios psicoanalíticos por un lapso de tiempo prolongado, adjudicándosele veracidad al suceso. A pesar de que hubo gente que se dedicó a investigar el tema en las publicaciones de la época o interrogando a autoridades policiales no encontraron ningún dato que otorgara validez al aserto en cuestión.

Como no podía ser de otra manera, también en la trama de la Homeopatía circulan frases que corresponden al mito en su carácter de tradición oral aunque no se encuentren elementos que lo certifiquen, adicionándose el hecho que tampoco queda circunscrito a una sola región.

Una de las mismas es “Lo digno de curar”, que por otra parte también integra el entramado que entrecruza los temas en este Congreso que está transcurriendo.

Observemos que según a quién le preguntemos es lo que entiende de ella.

Si es a legos, casi todos me han respondido que se refiere a alguien que por el hecho de curar a otro merece algo en sentido favorable, o que es algo proporcionado al mérito y condición de una persona, por ejemplo: curar es un acto digno de un médico.

También le adjudican un matiz peyorativo con respecto a qué curar y qué no.

Si el interrogante se dirige a un homeópata, la cuestión se desplaza entre preguntarse si es una cuestión valorativa como que se podría discriminar entre aspectos que merecen ser curados y otros descartables, o como varios maestros de la homeopatía argentina que en sus escritos, refiriéndose siempre al Parágrafo 3° del Organón consideran el último párrafo del mismo como “lo que se debe curar”, tomando en cuenta todos los parámetros diagnósticos del médico homeópata.

Cuando me referí a que no circula en una sola región geográfica, lo hice rescatando un acontecimiento que como en general sucede no parece responder a la casualidad.

Durante el año pasado, teniendo en elaboración las ideas que aquí desarrollo, recibí un mail de un remitente totalmente anónimo, puesto que no sólo no figuraba el nombre del mismo, sino que tampoco se podía suponer el país desde donde lo enviaba.

Me decía que había leído en Internet un trabajo mío, cuyo título (“Lo posible de curar”) seguramente resultaba significativo para lo que a esta persona preocupaba. A continuación planteó una larga serie de preguntas acerca de los resultados de un tratamiento.

Al responderle que su inquietud era tan amplia que no podía resolverse a través del anonimato del mail, le ofrecí mi número telefónico para que nos pusiéramos al habla.

Me respondió nuevamente por mail solicitando el título de algún libro para poder entender qué es lo digno de curar y cómo saber si alguien se cura. (Debo aclarar que en el trabajo que había despertado el interés del remitente, yo en ningún lugar había escrito la famosa frase de referencia.

Me manda un saludo a través del cual me entero que escribe“desde España”.

Me intereso entonces en saber de donde extrajo esa frase, atendiendo a la circunstancia de que en ese momento estaba yo en el rastreo bibliográfico de la misma.

Su respuesta sobrepasó mi expectativa, puesto que no solamente me dice que fue en un Organón de Hahnemann de una editorial llamada Miraguano sino que se refiere a su médico tratante, diciendo que después de indicarle cada uno de los remedios que le ha prescripto a lo largo del tiempo de tratamiento, siempre le repite que no encuentra lo digno de curar y aunque no entiende que le quiere decir con esto, supone que se referirá al origen, a la raíz que hace “que las ramas del árbol como símbolo de síntomas no dejen de moverse”.

Esta fue su última comunicación, en junio de 2003.

Como vemos, alguien preocupado por no saber qué es lo digno de curar, ¿en él o ella?

Ignoro hasta el sexo del remitente, pero independientemente de ello, su preocupación tomaba el sesgo de percibir que sus padeceres no eran tenidos mucho en cuenta.

Lo que queda firme es el peso y efectos de la frase en cuestión, pero ésta..., ¿existe o no existe?

Si tomamos la traducción del Parágrafo 3° del Organón que nos acerca un Maestro de la Homeopatía como fue Vijnovsky, observamos que la indicación es percibir lo que hay que curar en las enfermedades, lo mórbido individual, seguir todo el plan de lo que sería llamado técnica homeopática, conocer los obstáculos a la curación y actuar en consecuencia.

Finaliza el Parágrafo diciendo que si el médico sabe actuar juiciosamente de acuerdo a la meta que se propone alcanzar, “es un médico digno de este nombre”, un “maestro del Arte de curar”.

En consecuencia sería el curar un arte que proporciona un mérito al que lo ejecuta racionalmente, otorgándole la dignidad de ser llamado médico.

Para corroborar este sentido, si tomamos el libro de las “Enfermedades Crónicas...” escrito por Hahnemann, en una traducción muy buena de la versión alemana realizada aquí en Buenos Aires, vemos que en el párrafo 205 encontramos su referencia al médico comenzando el mismo: “Cuando desea obrar dignamente en su profesión...” en una enfermedad a través de la cual se pone en peligro la vida humana, etc. etc., y refiere los pasos a dar como conducta homeopática, iguales a los referidos en el Parágrafo 3 del Organón.

Sigue: Si se comporta como un chapucero cambiando de remedio a cada instante, el enfermo abandona al que deterioró más su enfermedad, y es el arte mismo, “en lugar del indigno aprendiz”, el que cae en el descrédito.

En el párrafo 234 del mismo tratado, en una llamada a pie de página donde indica no repetir las dosis, escribe que quienes lo hacen actúan con un empirismo irreflexivo queno es digno de un médico homeópata”, etc. 

He notado a partir de la lectura completa del libro en cuestión que solamente en las tres ocasiones indicadas mas arriba menciona la dignidad, siempre refiriéndose a la conducta del médico, lo que corrobora el sentido que transmite el Organón no refiriéndose ni a los aspectos de la enfermedad en un criterio valorativo o excluyente, no indicando lo que se debe curar y cómo ni a que adquiera dignidad por el hecho de curar, sino a una actitud basada, desde el inicio, en el deseo de obrar dignamente para llegar a ser un Maestro del arte de curar.

Al rastrear esta frase, en otras traducciones del Organón, para fundamentar estos pareceres propios me sorprendieron algunos hallazgos.

En general se habla a menudo de la traición del traductor, “traditore” como raíz semántica significante en ambos sentidos, pero lo más llamativo es encontrar un cambio de palabras en copias del mismo idioma.

Por caso, en el Organón der Heil Kunst, transcripto por el Dr. Jost Kinzli von Fimmelsherb y editado en 1985, figura al final del Parágrafo la palabra “ächter Heilkunstler”, cuando en una copia de Karl Hang Verlag editada en 1983 en Heilderberg, figura en mayúscula “ECHTER Heilkunstler”.

Merced a la inestimable colaboración de nuestra colega Dra. Mónica Müller, podemos saber que “ächter” con diéresis no existe.

Sin diéresis es parte de un adverbio. Expresada, por ejemplo, como “achter aus” significa “a popa”.

Por lo que la palabra “ächter” seguramente fue escrita así como una forma errónea de decir “echter” (la “ä” se lee fonéticamente como una “ae”), y “Echter” significa “genuino”, “verdadero”, “puro, original”, “legítimo”. Como adjetivo se aplica para expresar que algo es “de ley”, “de pura cepa”.

Nos recuerda a “verdadero maestro del arte de curar”.

La traducción inglesa de 1900 de Boericke desde la quinta edición alemana del Organón, dice: “Aquel que conociendo cada caso y los obstáculos a recorrer, si está preparado, será un maestro del arte de curar”, concepto que luego se mantiene en la traducción editada en 1952 de la sexta edición alemana hecha por la misma Editorial.

Finalmente, tanto la traducción al inglés de Hoschtetter a través de Dudgeon y Boericke impresa en una editorial de la India como la traducción al castellano editada en Chile producida por el mismo autor, mantienen la secuencia. O sea: Percibiendo la enfermedad, sabiendo lo curativo de cada medicamento, eligiendo el más adecuado aplicado en la dosis apropiada y conociendo los obstáculos a remover en cada caso, “habrá comprendido la manera de curar juiciosamente y será un verdadero médico”.

En consecuencia, el primer cuidado (objetivo?) sería seguir a Hahnemann en el párrafo 205 de “Enfermedades crónicas...”, donde critica al chapucero que cambia de remedio a cada instante.

Tal vez este chapucero persigue tratar cada enfermedad por su patología y no al enfermo como totalidad sintomática miasmática, y con esto hace caer al “Arte de curar homeopático” en el descrédito.

Luego, recordar que el concepto de la dignidad recae sobre aquel que pretende ejercer tal arte, y no sobre aspectos de la enfermedad que podrían quedar sumidos en criterios de desvalorización. 

Finalmente, reconocer que a pesar de no encontrar los elementos puntuales que avalen la existencia de la frase del título, ésta sigue perpetuándose como mito sostenido por la tradición oral.

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