Dr. Jorge A. Traverso


¿Es aceptable la “Biblia” (DSM) de los psiquiatras?

 

Resumen:
A partir de una noticia que informa la aceptación de un psiquiatra reconocido en el mundo sobre la invención de una enfermedad en los niños, se plantea la credibilidad de Manuales que buscan estandarizar las enfermedades y sus respectivos tratamientos farmacológicos desde una óptica que no toma muy en cuenta la observación desinteresada y la biopatografía del paciente.

 

Introducción
A  la  psiquiatría convencional, organicista y activamente ignorante de los parámetros psicológicos y psicoanalíticos  hace tiempo que podemos pensarla desde la duda en sus aserciones.
 Son tantas las enfermedades y trastornos que se describen en sus manuales que hoy en día lo raro es no tener nada. Después de hacer saltar las alarmas al incluir las rabietas en el último Manual de Pediatría DSM  y después de ver como el gobierno estadounidense declara en un informe que 1 de cada 5 niños tiene un trastorno de la salud mental, cifras que parecen un insulto al sentido común de la población, porque es imposible que tantos niños estén mentalmente enfermos, aparecen unas declaraciones de Leon Eisenberg, el psiquiatra que “descubrió” el TDAH, que no dejan indiferente a nadie que viva o trabaje con niños.
El semanario alemán Der Spiegel, en un artículo en que ponía en relieve el aumento de enfermedades mentales en la población alemana, explicó que Eisenberg dijo, siete meses antes de morir, cuando contaba ya con 87 años, que “el TDAH es un ejemplo de enfermedad ficticia”.
Los inicios del TDAH
Los primeros intentos por tratar de explicar que había niños con TDAH sucedieron en 1935. Por aquellos tiempos, los médicos habían tratado por primera vez a niños de primaria con un carácter inquieto y con dificultad para concentrarse en lo que se les pedía, bajo el diagnóstico de síndrome post-encefálico. Fue un intento que no cuajó porque claro, la mayoría de esos niños nunca habían tenido encefalitis.

En los años sesenta apareció el protagonista de nuestra historia, Leon Eisenberg, quien volvió a hablar de dicha enfermedad, pero esta vez con otro nombre, reacción hipercinética de la infancia. Con este diagnóstico trató  a alumnos difíciles, probando diferentes psicofármacos con ellos. Empezó con dextroanfetamina y luego utilizó el metilfenidato, droga con la que consiguió su objetivo y que hoy en día prevalece como tratamiento de elección: los niños enérgicos se transformaban en niños dóciles.
En el año 1968 se incluyó la “reacción hipercinética de la infancia” en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de dicho manual, sólo que ahora recibe el conocido nombre de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

El logro de Eisenberg y sus colaboradores fue conseguir que la gente creyera que el TDAH tiene causas genéticas, que es una enfermedad con la que se nace. Él mismo dijo, junto con las palabras en que decía que era una enfermedad inventada, que la idea de que un niño tenga TDAH (la entendemos como la idea de que un niño sea muy movido y sea un alumno problemático) desde el nacimiento estaba sobrevalorada. Consiguiendo que este concepto se insertara en la población en general y en los padres en particular, el sentimiento de culpa desaparece, los padres se sienten aliviados porque el niño ha nacido así y el tratamiento es menos cuestionable. En 1993 se vendieron en las farmacias alemanas 34 kg de metilfenidato. En el año 2011 se vendieron 1.760 kg.
El conocido psiquiatra, que llegó a hacerse cargo de la gestión del servicio de psiquiatría en el prestigioso Hospital General de Massachusetts en Boston, donde fue reconocido como uno de los más famosos profesionales de la neurología y de la psiquiatría del mundo, confesó la verdad meses antes de morir afectado de un cáncer de próstata, añadiendo que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de determinar las razones psicosociales que pueden producir problemas de conducta. Ver si hay problemas con los padres, si hay discusiones en la familia, si los padres están juntos o separados, si hay problemas con la escuela, si al niño le cuesta adaptarse, por qué le cuesta, etc.
Nada de esto último nos sorprende a los homeópatas, que a partir de los Trastornos por… y siguiendo con el adentrarnos en la interacción familiar más los síntomas generales y locales cumplimos con lo que añade a continuación el citado psiquiatra: “lógicamente, esto lleva un tiempo, un trabajo”.
Él concluye con la frase: “prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido”.

La intención de la psiquiatría
Parecería que es hacer todo lo posible para tratar de conseguir que toda persona sana acabe tomando una u otra medicación para tratar su (no) enfermedad. Una prueba más de ello es que ya existe la próxima enfermedad que será difundida por toda la infancia: el trastorno bipolar o enfermedad maníaco-depresiva.

Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, hasta el punto que las visitas por este trastorno se han multiplicado por 40 en menos de diez años, siendo muchos de los “enfermos” niños de dos y tres años.

Uno de los responsables de la llegada del trastorno bipolar a EE.UU. es el psiquiatra Joseph Biederman, que lleva años haciendo estudios y conferencias sobre el tema y que recibió 1,6 millones de dólares entre el año 2000 y el 2007, procedentes de las farmacéuticas que fabricaron los medicamentos para dicho trastorno, al parecer para dedicarlos a seguir investigando la enfermedad.
Para conocer el alcance real, para ver hasta qué punto se inventan las enfermedades para luego poder dar los fármacos que ya existen, un estudio  realizado por la psicóloga estadounidense Lisa Cosgrove reveló que, de los 170 miembros del grupo de trabajo del DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), es decir, los que hacen el manual de psiquiatría de referencia mundial, 95 (el 56%) tenía una o más relaciones financieras con las empresas de la Industria Farmacéutica.

¿Existe el TDAH?
El que la inventó dice que no, y estoy seguro de que son muchos los niños diagnosticados cuyo único pecado ha sido ser demasiado movidos, o ser demasiado insistentes a la hora de demandar de sus padres un poco más de atención.
Todo se hace en base a la observación y en base al cumplimiento o no de unos criterios o parámetros de lo que  suponen que los niños normales deben hacer.

Ahora bien, ¿qué es ser normal? Krishnamurti dijo que “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”, y desde este concepto quizás los niños que se rebelan ante el intento de domesticarles, aquellos que no soportan estar sentados escuchando cosas que no les interesan, aquellos que quieren probarlo todo y no dejarse nada, quizás sean al fin y al cabo los más cuerdos.
Puede ser que necesiten ayuda, porque es muy probable que muchos de ellos tengan muchos problemas, pero no se puede creer en la existencia de un trastorno que afecte al 10% de los niños y mucho menos en la cura milagrosa del metilfenidato, porque si bien los niños cambian su comportamiento, los problemas que hicieron que el niño funcionara de un modo no aceptado siguen ahí.
En vista de los conceptos expuestos por el creador de la enfermedad y su inserción posterior en el DSM, podemos pensar en un “marketing” bien planeado que lleva a consumir remedios innecesariamente,  que dentro de la alopatía no es privativo de esa especialidad solamente.
Por otra parte no nos ilusionemos, también en la Homeopatía surgen técnicas “marketineras”, tal vez sin tanto énfasis en la consecución de un resultado económico comercial, pero sí en el de satisfacer el Ego del productor o difusor de una nueva concepción.
Pensemos en nuevas corrientes que se expanden por el mundo  apoyadas en otra filosofía desde donde los gestos del paciente despiertan en el imaginario del homeópata la evocación de remedios obtenidos de factores que producen los mismos movimientos u otras teorías basadas en nuevas sustancias que se incorporan como medicamentos homeopáticos sin pasar por el requisito fundamental de la doctrina de haber efectuado una patogenesia en varios experimentadores o que se basan solo en un sueño de alguien que se prestó a ingerirla.
Viendo lo que sucede en cualquiera de las dos ramas médicas aquí expuestas, tanto en la alopatía como en la homeopatía, considero que se nos hace más presente aquella expresión Hanhemanniana que respondía a una quimera deseable y necesaria pero casi imposible de cumplimentar, de acercarse a la demanda del paciente como “observador libre de prejuicios”


BIBLIOGRAFÍA


1)Recomendable para ampliar el tema:
El marketing de la locura (video con subtítulos en castellano) http://www.youtube.com/watch?v=trakMZpIJGU
2) La toma del caso y el imaginario del Homeópata. Traverso, Jorge A. Revista Homeopatía. Vol. 60 Nº 3 1995.
3) Editorial. Pellegrino, Juan C.  Revista Homeopatía Vol. 72 Nº 4 2007.

 

 

 

 

 

 

 

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