Dr. Jorge A. Traverso


 

Miasma una palabra inherente a la estructura de la Doctrina Homeopática.

El tema de este encuentro, epistemología homeopática, considero que puede ser tratado desde distintas perspectivas para demostrar que algo prioritario en nuestra disciplina es el de mantener una estructura de palabras afines y entrelazadas que hagan cuerpo, y sean privativas de todo el marco teórico que se construye a partir de Hahnemann, para evitar que el afán de modernizar los términos permita la intromisión de un léxico, legítimo de por sí, pero con respecto a otras disciplinas, en cuanto a punto de referencia y momentos históricos.
Tomemos en cuenta por ejemplo a un estudioso de la historia de la Lectura en la Humanidad, y comparémoslo con el surgimiento de un marco teórico.
Albert Manguel, nacido en 1948, en Argentina, hijo de un diplomático destinado a Israel como embajador plenipotenciario, aprende de una enfermera checa el inglés y el alemán. Descubre a los cuatro años que puede leer.
Recién en 1955 agrega a su bagaje lingüístico el español, que debería haber sido su lengua materna.
Nos plantea que un descubrimiento tecnológico, como el de Gutenberg, es un progreso que no invalida la esencia de un sistema.
La imprenta nos dio la ventaja del libro en nuestras manos, ventaja con respecto al papiro, que había que ir desenrollando y había que ir pasando de uno a otro, en breves períodos, de acuerdo con la cantidad de texto escrito en cada uno.
Sin embargo, la esencia se mantuvo, puesto que hoy, a fines del siglo XX, no hay demasiada diferencia al leer en una pantalla de computación en que regresamos a esa antigua forma libresca que se nos presenta en porciones, avanzando de una a otra, como en el papiro original, desenrollando hacia arriba o hacia abajo.
Manguel destaca otro momento capital en la historia de la letra escrita, cual es la lectura en silencio.
Luego de ejemplos no verificados, como el de Alejandro Magno leyendo en silencio una carta de su padre, ante el gran asombro de sus soldados, o Julio César de pie cerca de Catón, su adversario, leyendo una esquela amorosa que le envió la propia hermana de Catón, pasa a un momento que realza San Agustín en sus "Confesiones", del año 383.
La lectura en voz alta era la norma desde el comienzo de lo escrito. Cuando Agustín se presenta en lo de Ambrosio, obispo de Milán, entra sin hacerse anunciar y observa que éste está leyendo en silencio.
"Leía, sus ojos recorrían las páginas y su espíritu percibía el sentido, mientras su voz y su lengua descansaban".
Ésto lo impresiona tanto, que trece años más tarde hizo su relato.
Por esto la lectura silenciosa se hizo sospechosa a los ojos de autoridades religiosas y civiles, puesto que autorizaba la ensoñación y algo peor: reflexionando a medida que los ojos descubren las palabras y su sentido, uno escapaba a su sentido inmediato, a los órdenes, a los dogmas, a la censura.
Tal vez así escapó Hahnemann con su imaginación, oficiando de traductor de un simple texto sobre los efectos de la quinina.
Los censores tenían razón: pensando mientras se lee, se gestan revoluciones.
En la otra vertiente, la de modernización, hagamos la analogía con una aguda crítica a lo científico, cuando toma caracteres de tal por estar escrito en un cierto lenguaje.
Esto fue dramatizado por un físico, Alan Sokal, profesor de la Universidad de Nueva York, que presenta un trabajo en 1995-96 en una revista prestigiosa, publicada por la Universidad de Duke, en Carolina del Norte.
Lo más importante de ese trabajo, motor de múltiples controversias, era su pomposo título: "Transgresión de lo límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica".
Un año después de publicado, su autor declaró al mundo intelectual que el título era un invento suyo sin ningún sustento, y las teorías desarrolladas un mero rejunte de conceptos coleccionados concientemente por él para poner en evidencia traspiés que cometían los intelectuales por aplicar conceptos de una disciplina a otra, ejemplificándolo con la proposición lacaniana de algo así como "el órgano eréctil es igualable a la raíz cuadrada de (-1), o de Julia Kusteva, que para establecer una teoría formal del lenguaje poético, deseaba fundamentarlo con la teoría de los conjuntos.
Otros autores, utilizando la teoría del Caos o la teoría de la Relatividad con ligereza, entran en el mismo contexto.
Esto encierra una acerada crítica al valor que se le confiere a un texto impreso, mas si los conceptos son herméticos, que presumen un profundo análisis previo, cuando en realidad lo que más trabajo le había demandado al autor era hacer un refrito con varias teorías en boga, y maquillar al mismo de "serio".
Esto me evocó a un filósofo, Alain, que en la Sorbona, en su clase sobre literatura, leyó un texto especialmente mal redactado, para exponerlo a la crítica de los asistentes.
Luego de que estos últimos lo evaluaran ferozmente, puesto que era en verdad muy malo, Alain dijo sencillamente que su autor era él mismo.
Ante los movimientos de incomodidad y vergüenza de los estudiantes, agregó: "Lo único que me sorprende y desconcierta es que para redactarlo tan mal, me costó una semana de denodados esfuerzas, y en cambio ustedes son capaces de hacer algo similar en solamente dos horas de un examen".
Centrándonos en nuestra tema, ya en trabajos anteriores expuse el punto de maestros argentinos en homeopatía que propusieron cambios en el léxico de la doctrina, como libido por fuerza vital, o desarrollaron conceptos del campo de la psicología para construir el concepto de enfermedad crónica.
Tomaré un solo término que muestra el objetivo del presente estudio.
En estos últimos años, hay una tendencia que no puedo evaluar si es sólo de "modernizar" la teoría o de acercarla a la medicina oficial, como es el caso de hablar de idiosincrasia, diátesis, etc., para no nombrar la palabra miasma.
Hay diversos argumentos: que es antigua, que la usó Hahnemann fundamentando el contagio pero porque no existía la idea de microbios, que se refería al ambiente, etc.
Sin embargo, considero primeramente que le sirvió al creador de la teoría para exponer por una parte el concepto de contagio, y por otra que apeló a una expresión que transmite su pensamiento.
Aceptemos que en cualquier diccionario vemos que el origen de la misma deriva de la raíz griega que significa Mancha.
Pero este significante, en sus múltiples acepciones, desde el criterio religioso hasta la decoloración, erupción proliferativa o úlcera, tiene su peso, y según las épocas vemos su sustento.
Miasma, etimológicamente, es fechada entre 1765 y 1783.
Por eso, en un Diccionario de la Lengua Castellana, en su tercera edición de 1791, todavía no figura.
Aparece en una Enciclopedia del Idioma, de Martín Alonso, que abarca los siglos XII al XVIII, como en un Diccionario de Terreros y Pando de 1786 y otro Académico de 1817, donde está Miasma: (de Maino) manchar.
Sí, en el diccionario citado de 1791, está la palabra Humor: como cuerpo líquido y fluído, y su derivada Humores, que refiere:
"En los cuerpos vivientes, son aquellos licores de que se nutren y mantienen, y pertenecen a su constitución física, como en el hombre la sangre, la cólera, la flema y la melancolía; y también los excrementicios, como la orina y sudor."
Aquí vemos en el uso de la medicina de la época, una palabra que equipara la sangre y los excrementos con la cólera y la melancolía.
Aparentemente Hahnemann al introducir la palabra Miasma, separa estos elementos de órdenes diferentes.
Ya en el Novísimo Diccionario de la Lengua Castellana, de 1868, el más antiguo posible de encontrar en la Biblioteca de la Facultad de Medicina, se define Miasma: efluvio maligno que exhalan algunos cuerpos enfermos, y generalmente las aguas corrompidas y estancadas.
Observemos que Efluvio es la emanación de partículas sutilísimas e imperceptibles que exhalan los cuerpos.
Y Emanar es proceder, derivarse traer principio y origen de otra causa.
Por otra parte, Exhalar: que echa de sí vapor o vaho, y Exhalare: desprenderse, salirse los vapores, humos o espíritus por evaporación de algún cuerpo esparciéndose en el aire.
De este último concepto, salirse los espíritus, si buscamos en el mismo diccionario Espíritu, nos dice:
1 - Sustancia incorpórea dotada de razón como el ángel y el alma del hombre.
2 - Vapores sutilísimos que exhala el alcohol o algún cuerpo.
De allí a evocar en el Parágrafo 9: "El espíritu dotado de razón que habita ese organismo", no hay que forzar mucho la idea, y tampoco para la segunda acepción, sustentando la idea de contagio.
Del Diccionario de Ciencias Médicas de Cardenal, en 1920, en Miasma nos dice: efluvio o emanaciones nocivas, consideradas como causa de las enfermedades epidémicas antes del descubrimiento de los microbios.
Por suerte, aquí se separa y continúa la idea de la Medicina oficial desde Humores hasta Infección por microbios y nos despeja la palabra Miasma para nuestro exclusivo uso, transmitiendo otra concepción del estar enfermo o enfermar.
Esta separación se confirma actualmente en la Enciclopedia Espasa Calpe de 1993, que refiere Miasma: "supuesto agente etiológico de ciertas enfermedades endémicas y epidémicas.Lancisi la aplicó para influencias patógenas que emanaban en terrenos bajos.
Una variante del término fue malaria, supuesta influencia nociva del aire. Indicaba por exclusión influencias etiológicas de mecanismos de difusión desconocida.
Así, como virus era una causa aparentemente mejor determinada y sabida procedente del enfermo mismo y de los objetos, el miasma era hijo del ambiente y de una extensa área de difusión. Desapareció de la ciencia por adelantos de la parasitología y por Laveran, que descubre el hematozoario del Paludismo."
Creo que podemos afirmar que desapareció de una ciencia que quiere basarse en las ciencias duras, y nos libera a esta palabra de influencias "nocivas".
Para fundamentar esta hipótesis, me baso en la definición que de Homeopatía nos proporciona la misma Enciclopedia:
Homeopatía: no es una rama de la terapéutica, sino una Doctrina Completa.
Este es el punto por el cual no hay que modificar un ápice los términos inherentes a la Teoría, porque conforma un discurso estructuralmente diferente.

2º Congreso de la F.A.M.H.A.
Huerta Grande, Córdoba
1998

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