Dr. Jorge A. Traverso


Marcas de la cultuta

Incidencia en el pensamiento de la Doctrina Homeopática

            Motiva el presente desarrollo y despliegue de conceptos, el observar que en el pensamiento de los homeópatas se repiten ideas y frases (y otras se les atribuyen) que translucen la filosofía que tenía sobre el espíritu, el Padre y Fundador de la Homeopatía, S. Hahnemann, que luego se continuaron en sus primeros seguidores, y que a mi entender, generó dos fenómenos contrapuestos.

             Por una parte, un criterio iluminista no despojado de religiosidad manifiesta como el concepto de la trascendencia permanentemente repetido aún hoy por las Escuelas Homeopáticas de distintos puntos del planeta.

            Por la otra, una desvalorización de ciertas ideas sobre el concepto del enfermarse montada en la crítica del aspecto religioso del tema, sin detenerse a observar que tomando la idea en su estricta proyección, ésta sostiene airosamente el criterio de producción de la enfermedad.

            Como material inicial partiré del Organón pero aclarando, para sortear ya la primera dificultad que se nos presenta, la versión del mismo del cual tomaré los datos.

            Es de la traducción que hace B. Vijnovsky, tomando dos fuentes.

            La primera , la versión inglesa de W. Boericke, que en un 90% transcribe la traducción de la 5° edición que había confeccionado el Dr.Dudgeon, homeópata inglés del que Boericke dice: “Tiene la distinción de un perfecto idioma inglés, con una ferviente y señalada adherencia al peculiar estilo y montaje hahnemanniano.”

            La otra fuente es la traducción al francés de Pierre Schmidt.

            Con estas dos fuentes se construyó la versión castellana que tomo como referencia.

            El por qué de la aclaración lo ejemplificaré tan sólo con dos parágrafos, que muestran a través de los dichos que se escuchan, que estos son generados por ideas diferentes, según la versión tomada.

            Uno de ellos, el Par. 3, evidencia el tema de la traducción.

            En traducciones mexicanas y chilenas figura para el homeópata la supuesta indicación de “lo digno de curar”, frase muy repetida habitualmente.

            En la traducción de la que he partido, no figura lo digno de curar, sino lo siguiente: al principio del parágrafo, la indicación de percibir “lo que hay que curar en las enfermedades”, y al fin del mismo parágrafo, que si el médico sabe actuar juiciosa y racionalmente de acuerdo a la meta que se propone, “es entonces un médico digno de este nombre, un maestro del Arte de curar.”

            Aparentemente, las traducciones que nombré primero, hicieron una compresión de esta última frase. 

            Del segundo parágrafo que citaré, el Par. 9, me permitiré transcribirlo para que el lector sepa a qué atenerse en cuanto al andamiaje que iré construyendo, que no tendría sentido si no se apoya en las palabras con las cuales aparentemente fue escrito.

Expresa: En el estado de salud del hombre, la energía vital inmaterial (soberana), la “dinamis”, que anima el cuerpo material (organismo), reina de un modo absoluto,  y mantiene todas las partes del organismo en una admirable y armoniosa actividad vital, tanto en sus sensaciones como en sus funciones, de tal manera que el espíritu dotado de razón que habita ese organismo pueda disponer libremente de ese instrumento vivo y sano para alcanzar los más altos fines de su existencia. 

            Surgen estimulantes ideas provocadas por un racimo de conceptos que están en el citado parágrafo.

            Por principio, está la idea de una energía vital soberana (dinamis:ánimo). (a)

Luego, un cuerpo material.

            La armoniosa actividad vital regida por la “dinamis”, se manifiesta en sensaciones o en funciones, por lo cual tenemos dos partes establecidas arbitrariamente aquí para desarrollar el concepto: el espíritu dotado de razón (b), que habita ese organismo (c).

(a) En cuanto a la energía vital, que ubica como inmaterial, que reina absolutamente, armonizadora y que en la enfermedad actúa automáticamente, he desarrollado en otra publicación el paralelismo que tiene con la descripción que Freud hace del Inconciente en 1915, esto es un siglo después, y que son marcas a las que el título de este trabajo alude y que deben incidir en el desarrollo del pensamiento posterior.

Nótese que “paralelismo”  no es “igual a”.

(b) “El espíritu que habita ese organismo”, nos muestra magistralmente un concepto de exterioridad, que se ha perdido desde la década de 1940 en adelante, por la influencia norteamericana con el hiperdesarrollo de la teoría del yo, (yo fuerte, yo débil, el hombre-persona como lo único grande y omnímodo), deformación facilista de la teoría freudiana, que al yo conciente le otorga un muy pequeño espacio, rescatada por J. Lacan en los ‘60, en que remarca hasta el concepto de que el Inconciente viene de afuera (de la cultura y la ley), y no está ni adentro ni abajo de ese organismo conciente.

(c) ¿Qué es “ese organismo”?

            El instrumento vivo que, mantenido sano, es dispuesto por ese habitante (espíritu dotado de razón) para alcanzar los más altos fines de SU existencia.

             Es llamativo que así como en el tema del yo se notan distintas influencias a través de casi 70 años, transcurridos entre 1915-1923 (etapa freudiana) y 1981 en que comienza un nuevo retroceso entre ese último año (en que muere Lacan) y la actualidad, en el punto del Parágrafo 9 que cita “los más altos fines”, se mantiene incólume una cierta forma de ver las cosas desde aproximadamente  1880 hasta la actualidad.

            Cuando más arriba (punto c), remarqué en “los más altos fines de su existencia”, el SU, es para indicar que en la frase, el criterio de que ese espíritu dotado de razón, y es importante lo de razón porque aquí sí que hablamos de lo conciente, del yo, del raciocinio, (todo lo contrario de lo automático), ese espíritu, decía, dispone del instrumento, para alcanzar los más altos fines de su existencia, algo propio, egoísta, diferente a un criterio más amplio, filosófico o religioso como trasunta “la existencia”, que es como frecuentemente escuchamos la referencia.

             En este último párrafo sobre la existencia, sus fines y el homeópata persiguiendo los mismos como ideal de curación de los pacientes, seguramente que hay una continuidad con el pensamiento de Hahnemann que estaba influido tal vez por su adhesión ideológica, instado por el Barón Samuel Von Brukenthal, a la masonería, que parece teñir su discurso doctrinario.

            Pero aclaremos que aparentemente, si la traducción no falla, en el parágrafo 9, Hahneman escribió: de su existencia.

             Que hay distintas versiones de ese parágrafo también lo comprobamos en Kent.

Tomemos la lección VIII de su Filosofía Homeopática.

            Lo cito por dos razones: la primera es que para desplegar sus ideas, se basa en el parágrafo 9.  

            La otra es para detenernos en esas ideas.

            El citado Par. encabeza el capítulo. Allí, la traducción dice al final: “para conseguir el elevado objeto de nuestra existencia.”

            No es lo mismo poner objeto que fines, el primero es más singular y el otro más genérico. Por otra parte, el “nuestra” está más afín al su de Hahnemann, que al “la existencia.”

            En cuanto a las ideas de Kent, arranca del concepto de fuerza vital, para preguntarse por la esencia y razonar que el ser de aquella esencia debe tener existencia, e introduce el concepto de serie, para pensar en serie de efectos.

            Luego establece que el hombre debe existir por alguna causa, imaginando (Kent) las finalidades de la existencia.

            Niega que la sustancia simple sea energía “per se”, sino que es dotada de una inteligencia, que es en sí una sustancia.

            Introduce aquí el concepto de alma y de Dios y colige que todo depende de Él.

            Plantea la idea de mundo material, representado por la sustancia simple, y el mundo inmaterial o del pensamiento.

            A la parte inmaterial la relaciona con lo Divino y a la sustancia simple, a la que atribuye inteligencia, la divide en su forma de actuación como que lo hace en orden o en desorden, que puede estar enferma o ser anormal, e influir en la entidad material concreta.

            Considera que toda operación posible es debida a la sustancia simple, que por ella el Universo es mantenido en orden y que estrellas, sol y planetas circulan en un orden contínuo. 

            Este concepto del Universo, lo replantea Lacan desde los conceptos de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario, dividiéndolos de acuerdo con que lo Real es dado por lo que siempre aparece en el mismo lugar, como las estrellas, lo Simbólico como el concepto de secuencia noche-día y lo Imaginario como lo que“ vemos”, el sol “sale”, se “pone”, etc. 

            Luego, Kent define la fuerza vital como una sustancia simple dominada por otra sustancia simple más alta, que es el alma.

            En este reino de la sustancia simple, no le atribuye “cantidad”, sino solamente “cualidad”, en grados de finura, de sutilidad.

            Estos conceptos le sirven de apoyatura a Kent para desarrollar con respecto a las enfermedades crónicas, el concepto de Psora como desorden primitivo de los humanos, que comenzaría con el “Primitive Wrong”.        

            Este “wrong” del original, tiene muchas acepciones, desde lo malo, lo indebido, equivocado, falso, ir por mal camino, hasta pensar mal.

            Como enfermedad espiritual progresa hasta los más altos grados de complejidad “a través de las generaciones” (ver luego Freud y lo Inconciente), ayudada por los médicos, que siempre han procurado apartar la psora de la superficie, profundizando el mal.

            Igualmente de todas estas ideas, nos interesa rescatar para nuestra línea argumental, la de enfermedad espiritual, que continuaremos en el pensamiento de Ghatak.

            Éste, parte de considerar que la verdadera causa de la enfermedad está en el paciente mismo.

            La esencia de la Psora es “solo una condición del sistema que lo capacita para desarrollar enfermedades”.

            Cuando se pregunta como sobrevino esta condición, plantea que mientras el hombre vivió de acuerdo con las leyes de Dios y “pensó como debía hacerlo” (las comillas son mías), no estaba enfermo.

            Cuando se permitió desviarse, tener falsos pensamientos y falsos deseos, abusando del “don de la libertad de la voluntad (de la cual está dotado, y que le hace posible tanto pensar bien como pensar mal)”, se desordenó su mente y esto se reflejó después en su cuerpo físico.

            Estos dos últimos párrafos son interesantísimos, tanto para refutar casi la totalidad de lo manifestado, como para rescatar el concepto esencial puesto en juego.          

            Hay que desbrozar en este fértil semillero de posibilidades, lo que pertenece al imaginario de Ghatak. Dos ejemplos: uno, “cuando habla de la ley de Dios”, y el otro, “mientras el hombre pensó como debía hacerlo”.       

Acaso se piensa como se debe (?) o básicamente existe el pensamiento (¿confesaríamos

nuestros más íntimos pensamientos?)

            Después, cuando escribe falsos pensamientos o falsos deseos:

                        1) falsos para quién, o quién dictamina sobre la falsedad de los mismos.

                        2) si surgieron, ¿no son pensamientos o deseos auténticos?

            Además, aquí comete un severo traspié:

            Primeramente, que en otro lugar dice que al hombre, Dios lo creó perfecto, y a punto seguido agrega: dentro del don de la libertad de la voluntad, de la que está dotado, ésta le hace posible tanto pensar bien como pensar mal.

            Pues bien, en esa creación perfecta está incluido pensar bien o mal, por lo cual pensar mal es posible dentro de la perfección.

            Estos conceptos responden puramente al imaginario religioso de Ghatak, así como antes vimos el de Kent, y detengámonos simplemente en las diferencias que se dan aún en distintas religiones.

            El concepto de matar por Dios, o de Guerra Santa, no es el mismo para un musulmán que para alguien de la civilización judeo cristiana, y hasta el concepto de vida y muerte no es el mismo.

             Pero antes decía que hay un concepto esencial puesto en juego por ambos autores, que es el de pensamiento.

            Esto de que los pensamientos son previos a la enfermedad sintomática, que en Ghatak es la enfermedad física, en Freud surge como enfermedad de los pensamientos en la base de las neurosis.

            Enfermedad, simplemente porque provoca síntomas, que es a lo que comunmente se llama enfermedad manifiesta, o sea: enfermedad de los pensamientos, no perceptible sino a posteriori de registrar los síntomas que motivan el padecer del paciente, ya sean neuróticos o físicos, y que se buscan a partir de anoticiarse de estos últimos.

            De aquel concepto de Kent sobre la enfermedad crónica progresando a través de las generaciones, también en Freud tenemos referencias a la influencia de la ley y la cultura a través de las generaciones como factores de producción de neurosis o psicosis, de acuerdo con la estructura psíquica del sujeto al que marcan estas referencias ancestrales.

             La mención del pensamiento es importante para reformular el concepto de la influencia del mismo para producir enfermedad, pero conectado a esto dicho en el Par 9, de “fines de su existencia”, puesto que al aceptar desde 1915 la existencia del Inconciente, que refuerza la inmaterialidad, y la pulsión del deseo, ya no se puede seguir en el campo de la teoría de los buenos principios.

            Así es como Freud escribió en “El Malestar en la Cultura”, que en el desarrollo del hombre como tal, “no cabe esperar progreso alguno”. Cuidado que hablamos de Inconciente y de pulsión (pensemos en energía vital).

            En cambio, su existencia, fue donde vivió ese sujeto; supongamos alguien nacido en una favela brasileña, pensada como una estructura cultural.

            Allí, denunciar a alguien a la autoridad, es malo; así que si el homeópata piensa que ese supuesto personaje está haciendo bien con ir a la policía a denunciar un delito, no entendería que ese sujeto tenga ansiedad de conciencia por haberlo hecho o “ pensado” (El “piensa mal” de Ghatak, yo lo ubicaría aquí)

            Recordemos que en el juego de identificaciones de ese personaje en la niñez, tal vez lo admirado fue una figura paterna delictual, y su ideal puede ser superarlo al delinquir.

            La denuncia imaginada obraría aquí como un “piensa mal” de acuerdo al medio donde se desarrolló y vive, y entonces podría enfermarse por transgredir esta particular ley (individualidad).

            Para poder “leer” estos síntomas, el homeópata tendrá que renunciar a la película rosa de final feliz (para quien?)

            Tendremos que aceptar que los síntomas mentales sólo nos ayudan a encontrar el remedio, cuando esas actitudes las vive el sujeto como algo que lo hace sufrir, y eso puede ser tanto deseo de matar, adúltero o vanidoso, como compasivo, alegre o chistoso.

            Con los síntomas que hacen sufrir al paciente, tanto mentales como generales y locales, encontramos un remedio, que si es el simillimum, logrará que a posteriori ese hipotético enfermo venga y nos diga: me siento bien, o “ya mejoré de los síntomas que me atormentaban”, pero nada más.

            No sabemos como se manejará en su vida cotidiana, y deberemos admitir que los más altos fines de su existencia no necesariamente deben coincidir con los nuestros, porque también en ello puede manifestarse la individualidad.

            Considero que se debe recalcar la época en que Kent o Ghatak plantearon sus conceptos, y señalar 1915 como el momento en que Freud escribe sobre el inconciente, porque luego de esta década 1915-1925, cuando se marca el giro cultural donde se admite que existe para el hombre algo que no está bajo su percepción y dominio, como todo lo inconciente, eso que los pacientes dicen “algo más fuerte que yo”, en teoría ya no tendrían que haber seguido los homeópatas repitiendo los conceptos de 1900.

             Probablemente hubo una razón para ello, y tomemos las ideas de maestros más contemporáneos a nosotros.

            Grosso, en un discurso de egreso, habla sobre salud física y sobre salud moral. Sobre esta última, en la que afirma que el médico tiene obligación de tomar en cuenta estos factores -(de acuerdo, siempre que produzca síntomas)-, dice que tienen que enseñar a los pacientes a librarse de las trabas afectivas que deforman la visión racional de las cosas, y a limpiar la mente de los escombros que el oscurantismo deja en ella.             Considera que se valdrán algunos del conocimiento de la mente y otros facultativos de la experiencia adquirida en la vida y que éste deberá poseer salud psíquica.

            Además, este autor, desarrollando la teoría de la enfermedad y conectándola con lo psicológico, considera al yo como obstáculo a la satisfacción y que el nivel ético del sujeto determina un estado conflictual que produce enfermedad.

            Por los autores que nombra, alude al período de 1945, comienzo del Psicoanálisis en Argentina, pero ya influido por la corriente norteamericana del Yo.

            Fíjense que si el Yo obstaculiza los instintos, es “bueno”, y los instintos serían “malos”, que se desvanece si pensamos en energía pulsional.

             Tenemos en otro Maestro como Paschero, la concepción del médico y de la enfermedad como la ubicación de ambos factores en relación al Ideal.

            Comenta que el hombre madura psicológicamente al pasar del egocentrismo autista hacia la objetividad altruista, y que el enfermo es considerado tal en tanto transgrede la ley que preside el desarrollo de su personalidad.

            Debemos aclarar que el deseo, vehiculizado en la palabra, y manifestación de la pulsión libidinal, es miserable y siempre va a tender a la satisfacción, aún con elementos que vistos desde afuera, perjudican al individuo, ese “ ser dotado de razón”.

            Debemos admitir que nunca sabremos qué es curación para un otro.

            Cuando plantea que el médico debe ser un hombre maduro, podemos acaso respondernos ¿Qué es ser maduro? o ¿Para quién?             

            Continuando con la lectura de Paschero en el capítulo de la curación de la enfermedad constitucional, vamos entendiendo más qué contexto de la época lo atravesaba al concebir su

teoría de lo constitucional.

            Va recorriendo distintos autores, como ser Galeno, Bernard, Pasteur y Pavlov, que llega al conócete a ti mismo

            Cuando nombra a otros grandes investigadores, integrantes de la filosofía médica, cita específicamente a Sheldon y luego a Jung.

            Aquí comprendemos desde qué perspectiva está influido para teorizar sobre lo psicológico.

            Debemos recordar que a pesar de lo que creen muchos, esto es pensar a Jung como paradigma de lo psicoanalítico, está muy lejos de ser así.

            Éste fue discípulo de Freud hasta 1912. Allí se pelea con su maestro, justamente en el punto donde para él no es posible que todo el edificio del psicoanálisis se construya a partir de la sexualidad infantil y el mito edípico.

            Desde allí desarrolla su teoría, basándose en los arquetipos heroicos, el inconciente colectivo y la grandeza del espíritu, atractiva teoría para ciertos grupos.

            Debemos aclarar que en 1921, Freud escribe Psicología de las masas y análisis del yo, donde describe en uno de sus capítulos, a dos masas artificiales, La Iglesia y el Ejército, siendo por lo menos llamativo que éstas tomen como paradigma de lo psicológico a Jung.

            Además, describiendo Freud el fenómeno de masas, puntualiza elementos de lo que más tarde se llamó el fascismo, que rige como idea hasta la actualidad.

            En cualquier lado escuchamos lo de inconciente colectivo (esto no es freudiano), lo de Dios Patria y Familia, y acerca de los simbolismos, que no tienen nada que ver con el concepto de lo simbólico Freudo-Lacaniano, y ni siquiera con los símbolos a los que alude Freud en la teoría de los sueños, a la que redondea en 1925, con nuevos aportes a la teoría de los sueños, donde realza sólo el concepto de transferencia al analista, que surge en alguna palabra del sueño.

            En realidad, lo que describió Freud fue el universal de la masa de ser amados por un Jefe, y todos como rebaño, sacrificando justamente el Ideal del yo de cada uno al del jefe.

            Que la filosofía Junguiana atravesó a Paschero, se refleja más adelante al hablar de la soledad del hombre desde su nacimiento, (el trauma del nacimiento es una concepción junguiana) que no es lo mismo que el concepto de que el hombre está constituido y atravesado desde el inicio por la falta, esto es la angustia de castración, la ley del Edipo a la que alude Paschero cuando dice: “la minusvalía constitutiva de todo ser humano”.

             Sí llama la atención que en un párrafo anterior desarrolle la idea de psora y la primaria supresión de su vinculación cósmica con la corriente vital indiferenciada, desembocando en que cae en el conflicto del ser humano por haber querido diferenciarse en su individualidad como entidad separada, y a esto lo llama el pecado original.

            Esto nos es muy difícil de aprehender, porque si ese es el núcleo del drama de la neurosis, como afirma, qué estamos haciendo los homeópatas insistiendo en tratar de curar tomando y realzando el valor de la individualidad de cada sujeto.

            Tendríamos que llevarlo a la indiferenciación de esa corriente vital?; cómo compatibilizamos eso con la trascendencia, concepto también junguiano pero que le hace creer al sujeto que trascendería con nombre y apellido.

             En consecuencia, tendremos que pensar en la humildad de la posibilidades del homeópata, que solo dispone del remedio preparado homeopáticamente para mejorar a un ser humano, en lo que éste expresa como sufrimiento, el síntoma sea local o mental.

            No creo posible que el intento sea que ese sujeto llegue a la trascendencia, ya que además resulta muy difícil adecuar un concepto que hay en el Epílogo del libro de Paschero, donde en un párrafo alude a la finalidad del proceso de maduración que transforma al individuo en persona humana como meta suprema, contraponiéndolo al conflicto infantil como “germen de la enfermedad del hombre”, que sufre así la arcaica nostalgia de trascendencia, y casi a continuación, que con el medicamento homeopático similimun del cuadro psórico, coloca al enfermo en condiciones de cumplir con los altos fines de su existencia, y que en ese religamiento con su yo profundo, trascendente(?) encuentra el hombre la verdadera salud.

            Qué es entonces la trascendencia, un conflicto infantil o un lugar de llegada como

desideratum terapéutico.

            Todos estos conceptos están enmarcados en lo que llama el sentido de la vida.

            Actualmente, y también antes, antropólogos y también filósofos manifiestan que al querer dar un “sentido” a la vida es producto del imaginario humano, justamente para creer que el TODO existe, que no hay falta o preguntas sin respuesta; que el hombre busque permanentemente el origen, sea el del Universo o el de la vida, no quiere decir que éste exista como tal.

            Debemos admitir que no todo cierra. Así como que las marcas que se van produciendo en la cultura tardan mucho en ser aceptadas.

            Por eso vemos que son fácilmente aceptadas las ideas Junguianas, donde el todo existe, y Freud es aún discutido, pues introduce la falta. 

            Así como la ciencia o lo científico (como ciencias duras) es aceptado más fácilmente (“todo tiene respuesta y sino, ya se va a encontrar”) como en la medicina alopática, no sucede así con la medicina homeopática, donde debemos aceptar tantos resultados como productos del empirismo, y tal vez sea así por definición.

             La conclusión a la que arribo es que así como los grandes maestros de la Homeopatía han expresado sus ideas de acuerdo al contexto, la época y el medio que los rodeaba, como no puede ser de otra manera, de la misma forma actualmente deberemos tomar la posta de reescribir la doctrina homeopática aceptando que lo haremos desde la posición que nos determine el momento cultural que vivimos, atravesados por los conceptos que los pensadores de esta etapa transmiten, y que son los que nos tocan vivir.


       Resumen

              Se desarrollan los conceptos que fueron transmitiendo distintos maestros de la Homeopatía a través de las épocas, y se intenta mostrar el entrecruzamiento que en el pensamiento de los mismos se producía con marcas de la cultura provenientes de otras disciplinas, en lo referente a Doctrina Homeopática.

              El objetivo es que los homeópatas actuales no sigan repitiendo conceptos que estuvieron influidos en su momento por distintas teorías, sino que agiten las aguas de la Doctrina a la luz de pautas culturales que ya tienen muchos años de expresadas, pero que han influido más rápidamente en otros campos que en el específico de la Homeopatía.

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Paschero, T. P.:“Homeopatía” (1963) - Editorial El Ateneo

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Vijnovsky, B.:“Traducción y comentarios del Organón de Hahnemann” - Talleres Gráficos Zlotopioro - 1983

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